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 Millenium Falcon, Gran Casino

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Neidin



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MensajeTema: Re: Millenium Falcon, Gran Casino   Miér Ago 13, 2008 1:00 am

Pero la chica, pequeña y menuda se ha abierto paso entre los restos de la batalla hasta la bestia herida, y se limita a acariciar su pelo intentando aliviar su dolor.

No dice nada, ni a favor de uno ni de otro…

Esta demasiado asustada ante las posibles represalias de la mafia y las primeras lágrimas resbalan sobre su rostro, hasta suicidarse en el suelo. Mientras su mano acaricia el rostro del gladiador.

-Todo ira bien…-susurra, pero esta vez ni ella lo cree, y no consigue ni fingir una sonrisa.

En su mente se van dibujando las posibles consecuencias de aquel combate y ninguno acaba bien para Wild y menos hay un final en el que acaben ellos dos juntos. Siente que pueden ser sus últimos momentos junto a él.

Y arrodillada como si fuera el ángel de la guardia de aquella bestia toma la cabeza en su regazo y se inclina sobre él besando sus labios, con suavidad, mientras las lagrimas no dejan de brotar y de empapar sus mejillas.

-Todo ira bien…-No, no ira bien y lo sabe…

Y la desesperación se ve en sus alas grises, ya no hay manera de ocultar el vínculo que la une al gladiador y más ante los ojos de aquellos que la conocen tan bien.

Y mira a los que la rodean suplicando de forma silenciosa clemencia para la criatura que tanto le importa, para aquel gran felino que había perdido la batalla.

Y en un intento desesperado por protegerle estrecha el musculoso cuerpo entre sus frágiles brazos intentando protegerle, intentado que no se lo arrebaten, aunque sabe que lo harán.

-Te quiero.-susurra solo para él.

Y siente que su mundo amenaza con volver a ser igual de oscuro que antes…
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Wild
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MensajeTema: Re: Millenium Falcon, Gran Casino   Miér Ago 13, 2008 1:44 am

Su naturaleza animal siempre le ha otorgado una personalidad más silenciosa de lo normal, guiándose sólo por acciones a veces demasiado impulsivas y miradas. Por eso, en lugar de defenderse de las acusaciones del oriental, falsas aunque tampoco del todo, sólo puede apretar los dientes y jadear por el dolor y el repentino cansancio que perla su cara en sudor, siguiéndole con la mirada y prometiéndole muerte con el brillo de sus ojos.

Lo único que tiene sentido en aquel instante es el ángel, los colores que siempres son como un balsamo ante el sufrimiento, su contacto dulce y su pequeño cuerpo intentando en vano servirle de escudo protector. Durante unos instantes la llama de sus ojos deja de brillar de odio para relajarse, mientras entierra a medias la cara en su coronilla, no queriendo apartar de él esas alas que con tanta eficacia retienen su ira.

Pero los gorilas parecen haberse creído la versión del oriental, y también los SOLDADOS que aparecen de súbito alertados por su custodia Sombra. Uno de ellos coge con violencia a Neidin por los brazos para apartarla, lanzándole bruscamente al suelo. Él desorbita los ojos y ruge, invocando al tigre de nuevo e intentando reanudar la matanza; pero otro de los SOLDADO activa de nuevo el collar y la descarga esta vez es demasiado poderosa. Suelta un alarido de dolor y cae sobre el suelo, sin poder hacer otra cosa que retorcerse. Pero su mente intenta evadirse de la agonía. De repente siente una rabia y un terror que jamás en toda su vida había experimentado, miedo de lo que pudieran hacerle a ella.

Nota que el Capitán de los SOLDADO lo levanta agarrándolo por el pelo mientras otros tres lo inmovilizan, y el resto le apunta con sus revólveres. El efecto de la parálisis casi ha cesado, pero no lo suficiente. Escucha la voz del oficial:


- ¡Mostrémosles a todos lo que el Gobierno hace con los esclavos díscolos!

Otro de los SOLDADOS lo esposa con grilletes de metacrilato, también anuladores de poder, y lo arrastran hasta el mitad del casino, en el que se congrega un corrillo de curiosos. Entonces empieza la tortura, cuando uno de los encargados de los esclavos del Falcon le lleva un látigo de ocho colas puntiagudo yque también genera descargas eléctricas. A los Mafiosos no les hace gracia la intromisión del Gobierno en su territorio, pero por otro lado coinciden en que el esclavo debe ser castigado.

El mismo SOLDADO que le quitara de encima a Neidin ahora también la trae amenazada con un fusil, mientras empiezan los golpes. Uno, dos, tres... pierde la cuenta, sólo existe dolor, ardor y el sonido de su piel ardiendo. Hasta que sus ojos captan algo, el SOLDADO olfateando con lujuria el cabello del ángel y murmurándole: "¿cuánto hay que pagar por ti, preciosa?"

No puede invocar al berserker en su estado, pero, aun encadenado, consigue ponerse en pie y partirle el cuello a quien le golpea de un violento cabezazo. Quiere destrozar al maldito SOLDADO que la retiene, pero su camino se topa con el del maldito oriental y decide descargar en él su ira. Salta, débil aunque todavía rápido, sobre él, abriendo la boca para clavarle los dientes en el cuello. A su alrededor escucha gritos de pánico.
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Kenko Mizuno



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MensajeTema: Re: Millenium Falcon, Gran Casino   Miér Ago 13, 2008 11:51 pm

Cuando parece que el peligro a pasado para el, escucha lo que dice el SOLDADO y se teme lo peor. Ese no era su objetivo, tan solo pretendia salir aireoso de la situacion sin levantar sospechas pero esto se le ha escapado de las manos. Se le pasa por la cabeza el mediar con los chicos de SOLDADO para que la cosa no vaya a mas pero sabe que eso haria peligrar su coartada.

Al salir del reservado hacia el gran salon del casino, es consciente de que tiene todas las salidas cubiertas por los esbirros del gobierno. Asi que desiste en la idea de escabullirse entre la multitud.

Entonces ponen de rodillas al mutante y comienzan a flagelarle. Eso le trae viejos recuerdos, tristes y dolorosos recuerdos de situaciones parecidas vividas por los suyos. No quiere verlo, pero no puede apartar la mirada como si nada ocurriese. Casi es capaz de sentir el dolor de los latigazos en sus propias carnes.

Mira a la esclava sexual del casino como sabiendo como se siente. La observa mientras escucha los latigazos de fondo, como la carne se rasga con cada golpe, mientras las lagrimas del angel acarician sus mejillas pidiendo clemencia con la mirada. A pesar de poseer sus habilidades, no pueden hacer nada, pues el yugo que SOLDADO ejerce sobre ellos es mucho mas poderoso que el poder de todos los mutantes unidos. O eso es lo que les quieren hacer pensar.

Algo le hace salir de sus pensamientos y cuando vuelve la mirada hacia el gladiador, ya es demasiado tarde para hacer nada. Tan solo le da tiempo de anteponer sus brazos de modo defensivo entre los afilados dientes del mutante y su cuello.

- Kusooo!!! *entrecerrando los ojos instintivamente*

La bestia clava sus colmillos en el brazo entre gruñidos con los ojos inyectados en sangre. Es como un animal fuera de control y asi lo demuestra tirando hasta partir por el hueso. Por suerte, los chicos de SOLDADO reaccionan antes de que la cosa pase a mayores y lo reducen a base de porrazos para despues colocarle un capuchon.

Este se utilizaba muy a menudo en los campos de concentracion tras el Color. Se trata de un dispositivo de un tejido metalizado que al respirar a su traves, hace que la victima pierda el conocimiento. Le horroriza pensar que siguen utilizando ese tipo de dispositivos y no esconde un gesto de preocupacion al mirar a la mutante alada. Luego, pierde el conocimiento a causa de la perdida de sangre por el mordisco.
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Neidin



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MensajeTema: Re: Millenium Falcon, Gran Casino   Jue Ago 14, 2008 7:58 pm

Para ella todo aquello le esta sobrepasando y su frágil mente se ha bloqueado y solo puede llorar. Llora apretando los puños de rodillas sobre el suelo, con la mirada clavada primero en el charco de sangre que la rodea y luego en la plataforma.

-Basta.-suplica una y otra vez, pero su voz nadie la escucha, solo es una esclava histérica encaprichada de otro perro como ella.

Todo aquello es por su culpa, por haberse enamorado, por haberse permitido ser una chica normal. Si se hubiera comportado como una simple puta el no estaría en esa situación, no se habría enamorado y no habría entrado en aquel estado por verla con otro. Pero es tarde y la losa de la culpa le oprime el pecho con demasiada fuerza.

Y es que con cada latigazo se le hace más difícil respirar, con cada bocanada sus pulmones se obstruyen, mientras no puede apartar sus ojos de esos dos zafiros que se están empañando y todo por su culpa.

Tose intenta respirar, pero sus pulmones se han bloqueado, y no le llega bien el aire. Es un ataque de asma.

Cae al suelo inconsciente…
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Wild
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MensajeTema: Re: Millenium Falcon, Gran Casino   Jue Ago 14, 2008 8:54 pm

El espíritu del monstruo se enciende de nuevo en él cuando sus colmillas hincan el brazo del oriental, cuando paladea el sabor metálico de la sangre que le sabe a miel, y sus ojos vuelven a cambiar gradualmente de color al tiempo que su corazón bombea de tal modo que su cuerpo entero vibra con cada latido. Está demasiado débil y en circunstancias normales su cuerpo no le permitiría otra transformación, pero el olor y el sabor que degusta ha despertado de nuevo el lado que tanto le cuesta reprimir.

Y el dolor que desencaja el rostro de su enemigo excita a la bestia, tanto que aprieta todavía más y sin darse cuenta dibuja una sonrisa de placer. Es el placer de la caza y la matanza, la adrenalina que le recuerda con cada descarga que está vivo y es poderoso. Es la sensación de libertad que enajena sus sentidos y su raciocinio humano.

Algo le alerta... algo que hace que su vista se desvíe de la sed de muerte unos segundos para buscar con ansia al angel, y cuando la ve desfallecer y asfixiarse, sus ojos vuelven a ser azules casi en el acto. Son esos ojos tan distintos al resto de su físico uno de los pocos vestigios de su humanidad, brillando acuosos por la locura de pensar que ha roto su promesa, le ha fallado como guardián. Jadea, esta vez al sentir un dolor interno tan intenso que casi corta los hilos de su cordura, cuando ve a un SOLDADO arrodillarse junto al frágil cuerpo inmóvil y tomarle el pulso, y a otro preguntar como si fuese una afirmación:


- ¿Está muerta?

No llega a ver o escuchar la respuesta de su compañero, porque de repente todo es oscuridad y la capucha le impide respirar. Nota cómo los SOLDADOS se lanzan a por él consiguiendo reducirle con excesiva facilidad, porque dos transformaciones seguidas han menguado casi del todo la fuerza de sus músculos. A pesar de todo él se debate como una fiera enjaulada y los gruñidos surgen amortiguados de la tela. Pero no lucha por sí mismo: lucha por ella, necesita saber si sigue viva. Necesita...

- ¡Silencio, maldita escoria!

Es lo último que escucha, antes de que la culata de una ametralladora le golpee en la nuca. Se siente caer y esta vez ya deja de resistirse, mientras lo arrastran fuera del casino. Lo último en lo que piensa antes de que la oscuridad lo atrape del todo son unos ojos de arco iris y una sonrisa dulce, un contacto suave que en los últimos instantes de conciencia cree que no volverá a sentir jamás.
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Neidin



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MensajeTema: Re: Millenium Falcon, Gran Casino   Sáb Nov 29, 2008 5:15 pm

El amenecer se acercaba y solo los rezagados y los mas pervertidos rondoban ya por alli. Pero ninguno de los que por alli pululaba podia evitar quedarse hipnotizado por la imagen. Demasiado extraña para ser real.

Nadie solia atreverse a entrar en la jaula de los leones, como comunmente llamaban a la jaula donde solian descansar los hombres felinos tras los combates y donde esperaban hasta que el proximo algun cliente les reclamara. Normalmente permanecian inquietos, rugiendo a todo el que se acercaba y forcejeando con sus dueños hasta que un toque del collar les recordaba lo que eran.

Pero en esos momentos estaban tan tranquilos como un gatito despues de tomarse un cuenco de leche, tumbados sobre la alfombra persa y muchos casi adormilados, estaban hipnotizados por aquel aroma a flores y la voz dulce que los acunaba.

Aquella presencia parecia caida del mismo cielo para consolarles, con aquellas alas blancas que destacaban tras la sudadera de aquella joven de rostro angelical, tan eterea que parecia que iba a desvanecerse en cuanto parpadearas. Aunque no iba con ropas provocativas si no e simples vaqueros hipnotazaba a todo el que la mirara incluso mas que cuando la vestían como una diosa para que vendiera su cuerpo, porque ahora era el brillo de sus ojos del que antes carecia su mirada.

Y ese brillo solo tenía un dueño, aquel viejo tigre que descansaba en su regazo. El gran Wild estaba rendido ante los encantos de aquella niña que mientras cantaba no dejaba de enredar en su cabello los dedos en una suave caricia, una especie de sedante para aquel viejo guerrero.

Porque aunque ella solo pareciera una cria idiota sabia mas de lo que sus labios se atrevían a manifestar, y sabia que para el viejo gladiados aquellos combates ficticios le resultaban humillantes y lo era mas aun que luego entregaran su cuerpo al primero que pagara cuatro monedas.

Ya no era solo las heridas que le habrían a golpe de latigo las que le marcaban, era algunas internas que el no queria que ella notase, pero que en momentos de autentico shock para el se manifestaban. Como cuando se sentía demasiado indigno para que ella le tocara, y sabia que todo lo que tenia que hacer era por ella, por la amenaza de los señores de dañarla a ella si no cumplia.

Aunque por ahora era él el unico que habia pagado algun castigo con su sangre.

A veces se sentia rota por dentro cuando le veía asi.

Un oficial de SOLDADO se acerco a la jaula oteando la mercancía, como un lobo observando a un rebaño de ovejas encerradas en un redil. Primero se fijo en ella, pero al ver el collar dorado que la marcaba solo para servicio de los dueños del local se fue fijando en los hombres felino. Su mirada se poso demasiado en Wild, hasta que le susurro algo al guardian y le sañalo.

Para los peores cerdos de la ciudad tener al gran Wild a sus pies como simple basura era algo que no podían resistir.
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Wild
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MensajeTema: Re: Millenium Falcon, Gran Casino   Lun Dic 01, 2008 3:30 am

Y realmente es una escena sobrecogedora, aunque al lado del enorme y tenebroso Wild los hombres felinos parecían gatos rodeando a un viejo león de melena salvaje; un león que día a día parecía querer saciarse con sangre ajena excepto con una: la del cervatillo de alas multicolor que ahora le amansa con el sonido de una flauta que no puede ser de ese mundo.

Está totalmente quieto, respira con normalidad, apoyando su brazo derecho sobre la frente y con los ojos cerrados. Cuándo fue la última vez que pudo descansar en paz, sin pesadillas ni el ardor en la mente causado por el alcohol, no lo recuerda. Tampoco le importa. En aquellos momentos no es consciente ni de la humillación que representa su vida, ni de la jaula, ni de lo que aguarda en el exterior. Solo de esa voz. De ese roce que al pasar por su cabello le hace ladear la cabeza con suavidad y un ronco gruñido, como un gato ronroneante. Entreabre los ojos y los clava en los de ella, hechizado por esa imagen. Solo bajo esa luz consigue verse como un protector digno de admiración, con un propósito claro que le da sentido a su asquerosa vida: protegerla a ella.

No ha nacido para nada más, no ha hacido siquiera para pensar en su propia felicidad. Solo en la de ella, el ángel que ha conseguido rescatarle de la oscuridad más absoluta, un mar negro que vuelve a él cada vez que la pierde de vista.

Y por eso, las veces que les separaban despierta la fiera. Como ahora. Olfatea algo que no le gusta, una aproximación que le hace incorporarse con rapidez y ponerse en guardia defensiva, mirando a los ojos al SOLDADO. Cuando lo señalan tensa los músculos y aprieta los puños, marcando con fuerza los nudillos. En el fondo siente cierto alivio; si el dedo del SOLDADO hubiese ido unos centímetros más hacia la izquierda, hacia Neidin, probablemente hubiera enloquecido.

Pero aquello no es habitual y no piensa dejarse arrastrar como si nada. El SOLDADO tiembla un poco, al punto de retroceder, y mira tras él. Una guarnición de SOLDADOS perfectamente equipados abren las jaulas y entran decididos en el interior. Él aprieta los dientes y abre los ojos presa de la demencia guerrera, gritando y saltando a por ellos crispando las manos, que se transforman en garras. Pero con frialdad tres de los soldados le disparan con unos rifles paralizantes que generan en él terribles descargas eléctricas. Cae al suelo retorciéndose por el dolor, hasta que una red cae sobre él, aprisionándole del todo. Luego lo cogen con violencia por los brazos y reparten patadas puñetazos en abdomen y rostro, para "ablandarle" y hacer más llevadero el trabajo. Respirando con dificultad anhelante, mira esos ojos que son capaces de iluminar una chispa de luz, instantes antes de que un saco negro cubra su cabeza y lo saquen de allí.

Cuando vuelven a liberarlo cierra los ojos con un rugido, apartando los sensibles ojos al tener una luz muy cerca de ellos. A duras penas distingue el perfil de tres siluetas, una de ellas la de un calvo gordo seboso y las otras más musculosas, pero todas con una sonrisa en el rostro. Los soldados lo han atado a la silla con dolorosas cuerdas de alambre.


- Me recuerdas, The Wild, ¿verdad? - susurra el seboso, dándose la vuelta. Los otros dos se le acercan, uno lo coge del pelo y otro clava los dedos en su rostro para obligarle a mirarle - No, un despojo como tú no ha podido olvidarme, no tiene nada más interesante que hacer en su ociosa vida.

Y lo recuerda, por supuesto. Aquel maldito senador que había querido experimentar con el guerrero más fascinante del coliseo, comprobando hasta dónde podía llegar su dolor y su fiereza. El muy cabrón pagó mucho para conseguirlo, pero no se fue de allí con un zarpazo en el abdomen con el que prácticamente se había desangrado. El senador se desabrocha la camisa y le enseña la cicatriz, cosa que no hace falta. En sus ojos y su sonrisa solo hay necesidad de venganza. Se le acerca con lentitud, casi pegando su rostro al suyo, y ríe entre dientes.

- Tal vez no esperabas volver a verme - dice - Pero tenemos una deuda pendiente, escoria, una que ahora vamos a saldar...

Da un respingo y aparta el rostro cuando Wild le escupe en plena cara, rugiendo un oscuro:

- Jódete.

Aquello le vale una nueva tanda de puñetazos. El senador, temblando de ira, se limpia el rostro con un paño. Luego exhibe una sonrisa irónica al añadir:


- Qué desfachatez, qué vocabulario... - sus ojos brillan - Y dime, ¿qué opina tu puta cuando la jodes a ella? - de repente Wild deja de retorcerse y se queda mortalmente quieto. Acentúa la sonrisa, creyendo que ha obtenido una victoria - Oh, sí, claro que lo sé... debe de ser una sensación gloriosa que una cría te haga creer que no eres ninguna asquerosa bestia, ¿verdad? Aunque lo cierto es que te envidio - suspira - Tus amos han sido muy generosos, una cuantiosa suma de dinero a cambio de mi pequeña venganza. ¿Cuánto accederían a cobrar - baja la voz con un estremecimiento de placer - por follarme al angelito?

Todo ocurre tan rápido que nadie es capaz de asegurar cómo. En un parpadeo y un terrible grito que suena al de una bestia fugada de su cautiverio, se libera de las cuerdas con un chasquido, abriéndose unas heridas que ahora no nota. Luego salta sobre el senador, lo coge del cuello y lo estampa contra la pared como un muñeco de trapo. Aprieta, y aprieta... sus ojos se vuelven negros con el círculo ambarino, su cabello se vuelve blanco de forma paulatina y sus músculos crecen, marcándosele en el acto las venas en los hombros y el pecho. Los latidos de su corazón aumentan como tambores, de modo que se escuchan con claridad en la habitación. No piensa en nada, solo en que debe quebrar ese cuello, disfrutando y deleitándose con la sed de sangre que muestra aquel despojo, el terror que reflejan sus pupilas... le encanta, siente una sed que debe ser saciada en el acto.

No llega a hacerlo, no obstante, porque los SOLDADOS reaccionan al fin y esta vez las descargas eléctricas y las generadas por el collar resultan especialmente dolorosas, terribles, hasta el punto que sus músculos estallan en llamas y no puede sino ovillarse en el suelo sin pensar, deseando solo que la agonía cese. Poco a poco va recuperando su aspecto más humano, y como suele ocurrir en esos cass sus fuerzas se esfuman para no volver en muchas horas.

La presa idónea.


- ¡¡HIJO DE PUTA!! - grita el senador, recuperando el resuello. Uno de sus gorilas, como una extensión de él mismo, le da un rodillazo en el pecho a Wild y lleva su mano a la entrepierna, retorciendo dolorosamente. Él gruñe, presa de un dolor insoportable - Te lo juro, cabrón, no saldrás impune de esta. Haré que recuerdes este día, maldito despojo.

Lo cumple. Los latigazos son tan numerosos que le insensibilizan la piel, asestados con látigos de púas curvadas que con cada azote le rasgan la carne, con un horrible sonido de algo siendo arrancado y que cae al suelo. Aunque lo intenta, no puede evitar gritar con cada golpe, enloqueciendo y solo manteniendo cierta cordura al recordar las alas iridiscentes y aquella voz que ahora no ahoga del todo la agonía. Sus pulmones casi se llenan de agua cuando le meten varias veces la cabeza en un balde de agua hirviendo, que además le abrasa la piel. Pero la peor de todas es que viene a continuación, cuando los gorilas le cogen del pelo y la aferran por las muñecas, a su espalda, estampando su cara contra una mesa metálica. Intenta debatirse, pero no puede: la transformación en Berserker ha menguado todo poder. Abre los ojos de par en par al escuchar cómo el pantalón de aquel bastardo cae al suelo con el sonido metálico del cinturón.

Ruge como el tigre herido que es cuando nota esa sensación de dolor perforante, notando la sangre y la podredumbre inundar su interior con cada embestida, sintiendo el aliento apestoso del senador en su nuca y su risa al jadear:


- Solo eres una puta nenaza - parece excitarse solo por el hecho de demostrar más poder que él, humillarle de aquel modo - ¿Y tú eres el gran Wild? ¿Qué diría tu angelito al enterarse? ¿De que te dejas joder y no eres más que una puta comepollas? - el último insulto no es infundado, porque en efecto uno de los gorilas le aferra del pelo y le obliga a alzar la cabeza, dejante de él, desabrochándose los pantalones y obligándole a hacer algo que en ese instante nubla todo su raciocinio - Oh, sí... ese angel... tiene que ser mío... no sabes cómo estoy deseando metérsela. ¿Cómo se correrá? Seguro que con esa vocecita dulce...

No puede escuchar nada más. Su mente está tan enajenada que ni siquiera es consciente de cuando la tortura acaba, y los SOLDADOS lo devuelven a la jaula de los leones. Ya no hay fiero gladiador que se debate, sino algo parecido a un cadaver, que no se mueve excepto por las convulsiones de la fiebre y de su propia oscuridad. Le lanzan al interior y rueda hasta estrellarse en la pared. Pero no se levanta, no se inmuta, ni siquiera al aspirar el aroma de su salvadora. No es consciente de nada, solo de las palabras resonando en su cerebro y el amargor de la tortura. Su asquerosa vida, regresando...

Jadea con esfuerzo, perdiendo el control de sí mismo y retorciéndose el pelo de tal manera que se arranca varios mechones negros.
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Neidin



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MensajeTema: Re: Millenium Falcon, Gran Casino   Mar Dic 02, 2008 12:14 am

Ella ve con horror como se lo llevan, como se avalanzan sobre el como perros de presa perfectamente entrenados y ella es incapaz de hacer nada por ayudarle, por intentar salvarle de lo que le espera, porque ella ha sufrido aquel terrible castigo en sus propias carnes. Quiere hacer algo, le gustaria hacer algo, pero tantos años portando aquel maldito collar le impiden hasta gritar de rabía, de impotancia.

Sus alas se tiñeron de negro augurando los funestos hechos que iban a producirse.

Lo que no esperaba era que uno de los soldados la arrastrase tras ellos tomandola del brazo y obligandola a ir tras ellos. Intento forcejear pero el otro era demasiado corpulento. Sabía que no serviria de nada gritar.

Y lo peor es a donde la llevan, tras la mampara de metraquilato que daba justo a la sala de torturas, aquel maldito cerdo quería tenerla de testigo de excepción del sangriento acto sangriento, un testigo impotente del que nisiquiera escucharia sus grito o una voz de consuelo, aunque ella los escucharia al completo.

Dos soldados evitan que pueda escapar de alli, ni siquiera la dejan pasearse nerviosa por la habitación, la retienen como perros guardianes. Solo puede intentar apartar la mirada del terrible espectaculo, pero no se lo permiten del todo. Solo puede ser testigo impotente de todo ello.

La locura va anidando en su alma como una enfermedad con cada latigazo que el recibe, con cada uno de sus alaridos de dolor que acuchillas su alma. Para ella era mas facil sufrir aquella tortura que verla padecida por él, Aquel cabrón le había roto las alas y aun asi su fino hilo de cordura había aguantado mejor que ahora, cuando era él quien era destrozado como si fuera un autentico perro.

Es curioso pero la escena no genera el asco que busca el senador, solo consigue quebrarla en trocitos mientras la unica cadena que aun la ata la razón son sus ojos azul zafiro tan perdidos ahora como los de ella. Sus alas se vuelven negra, sus cabellos blancos y sus ojos rojos. Confiados en su fragilidad no vieron como la ira y el odio nublaban por completo su razón.

Para ella la eternidad fueron esas horas, una insoportable eternidad.

Despues de eso todo acabo, lo arrastraron como si fuera un desecho hasta la habitación y a ella la obligaron a caminar detras, lo hizo con docilidad, con la mirada velada por algo que nadie podía identificar.

Los arrojaron a los dos con rudeza al interior de la habitación, ni siquiera noto el golpe, ni siquiera era del todo ella.

Se levanta interponiendose delante del cuerpo de Wild y el del senador que parece querer rematarlo de una patada en el vientre. Y en ese momento todo ocurre demasiado rapido, en algun momento se ha hecho con uno de los cuchillos que llevaban los soldados y se lo clava al senador en el vientre.

-Tan podrido como tu...-susurra con voz delirante, soltando una extraña carcajada.

Mientras alrededor de la herida la carne ha empezado a pudrirse como si llevase meses muerta y el senador apestar como una mofeto. Sonrie satisfecha.

Entonces uno de los soldados la golpea y cae al suelo mientras se limitan a sacar al senador de allí. Ya volverian a llevar a cabo su venganza.

Tras el golpe el plumaje de la chica vuelve a ser gris, y sus ojos se le llenan de lagrimas mientras estrecha desconsolada el cuerpo del gladiador. Entonces nota su rechazo, el como la aparta con toda su fuerza como si su cuerpo quemara o despertara en él asco.

Se queda ahovillada en el suelo esperando a que la bestía se avalance sobre ella.
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Wild
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MensajeTema: Re: Millenium Falcon, Gran Casino   Mar Dic 02, 2008 2:48 am

Él no es consciente de nada de eso, aunque la escena resulte tan tensa y escalofriante que incluso muchos SOLDADOS se quedan fascinados, intentando controlar aquel extraño arrebato de intensa furia sádica en ese ángel, que de repente parece haber sido poseído por un ente oscuro. Él no. Él está demasiado inmerso en el mar.

El mar de oscuridad, el pandemonium de tenebrosos rayos que ahora asola su cabeza como dardos punzantes que recorren su cuerpo, corroyéndolo, corrompiéndolo con fiebre... es demasiado insoportable. No oye nada, ni tan siquiera un zumbido y más allá el tenue murmullo de las voces. De su voz, que ahora no le alcanza. Ajeno a todo, como si súbitamente hubiera pasado a un segundo plano, el tigre libera todo su tormento para envolverse en una manta de auténtico caos.

Caos, se desprende de su cuerpo imponente empapado en un sudor que se entremezcla con la sangre de los latigazos, y sus zarpas arrancando su pelo como si con cada tirón quisiera romper de cuajo su sistema nervioso. Oscuridad, con cada convulsión, cada gemido ahogado en el que cierra con fuerza los ojos y las cuencas giran con rapidez tras la débil protección, incapaces de deshacerse de visiones invisibles. Destrucción...

La destrucción aún no ha llegado, pero está al llegar. Y la impresión dejada por el ángel impide que otros se den cuenta de ello hasta que sea demasiado tarde.

Es hasta que nota ese roce dulce y cálido. Demasiado cálido. No... demasiado ardoroso. Quema. Le quema la piel. Abre los ojos con los dientes apretados, rugiendo y ahogando ese sonido mientras desorbita los ojos, inyectados en sangre. La aparta de un empellón con su brazo sano, en el que emplea todas sus fuerzas, y se incorpora a medias sacudiendo violentamente la cabeza. Cada jadeo parece que le cueste terriblemente, emitiendo pequeños gritos ahogados como si tuviera montañas de oscuridad impidiendo que el aire llegue a sus pulmones. Luego apoya las manos en los brazos y se arrodilla, cabizbajo, mirando a izquierda, derecha... es una bestia salvaje sin control y sin cadenas. Las pocas que tenía, las legadas por su raciocinio humano, estallan en mil pedazos para no volver. Casi se escucha el "crack" metálico de los grilletes invisibles.

Y el olor tierno que llega hasta él actúa sobre ese fuego como ascuas ardiendo bañadas de aceite.

Es curioso cómo lo primero que siente es el fuego abrasador de la necesidad, al verla hecha un ovillo, con ese aspecto de estar rota. La necesidad de protegerla. La urgencia de abrazarla. Simplemente sentir el tacto de su suave piel contra la suya. Una parte delirante de su mente le dice que tal vez alguien le ha hecho daño; y la respuesta, por algún motivo, le llega en el acto.

Él.

Sus convulsiones disminuyen. Ahora tirita con una calma que anuncia tempestad, y por fin se ve capaz de apartar los ojos enajenados de ella para mirarse sus propias manos, crispando los dedos. Sus manos, manchadas de sangre, suciedad, con las garras extendidas. Los implantes biónicos en su brazo derecho. El reflejo que se adivina en las placas de metal. El reflejo de una bestia de cabello negro.

Se termina de nublar todo sentido común, cuando con un gemido entrecortado entierra su cara entre las manos, arañándosela y abriendose surcos rojos con sus uñas. La imagen del ángel ovillado flota ante él, y la locura le dice algo que no se sujeta a la lógica: ¿y si no es real?, ¿y si todo ha sido una treta de su mente? Todo... desde el principio... desde que la conoció en el antro de sus habitaciones en el coliseo. Puede que no sea más que un engaño, una puta contratada por el senador para cebarse con él y burlarse a su costa. En aquel momento no encuentra ninguna otra explicación. ¿Cómo, en nombre de cualquier maldito dios si es que existe, una criatura como ella pudo haberse enamorado de él?

En un parpadeo el tigre ruge entre dientes, y recuperando una velocidad fruto no de su fuerza sino de su locura, salta hasta ella, la aferra por los brazos con dolorosa fuerza, clavando las uñas en su piel de terciopelo, y la atrae hacia sí. Ahora sí parece la bestia presta a devorar a una simple caperucita.


- ¿Quién eres? - susurra con voz gutural, totalmente ido. Con un rugido más fiero la zarandea, con tal violencia que cualquier ser humano normal se quedaría mareado unos largos instantes - ¡¡QUIÉN COÑO ERES!! - nota la sangre caliente manar de los brazos de ella, pero no suaviza la sujección. Más aún, la atrae con fuerza hacia sí pegando su frente con la de ella, temblando, mirándolo con aquellos ojos que no son de zafiro sino negros y amarillos, y en ellos no se refleja ahora a la criatura herida sino a un auténtico monstruo. Monstruo... exactamente lo que es.

No puede soportar esa sensación, no cuando ve esos ojos, esas pupilas... la ansiedad se mezcla con el odio de una manera insoportable. Con rabia, la suelta y la estrella contra la pared. Aquella farsa de temor y de ángel desprotegido le enfurece. Le duele... duele demasiado... agoniza... tiene que destruír esa visión. Abre los ojos de par en par con una mirada de auténtica fiereza demente y golpea la pared a su lado, colocándose sobre ella sin rozarla. Hasta que no lo soporta más y los temblores vuelven. Su mano derecha va a su pelo, y lo que en un principio parece una caricia dulce en su cabello acaba convirtiéndose en una zarpa que se cierra en torno a su pelo.

Intenta luchar, pero no puede. Se acerca más a ella, temblando, una mole de sangre, sudor y músculos que no la permite escapar.


- Por qué, por qué me has hecho esto... - lo entrecortado de su voz muestra unas llamas de lujuria que también brillan como un fogonazo destructivo en su mirada. Aferra sus mejillas, incapaz de controlar el pulso, acercándola a él como queriendo gritarle. Pero no lo hace. Sus labios se funden con los suyos en una caricia violenta que no puede resultar placentera. Esos labios recorren su cuello mientras sus poderosos brazos la aprisionan contra sí, y lentamente se convierten en mordiscos y jadeos de auténtico desespero, como si pretendiera beber de un manantial puro capaz de borrar las humillaciones sufridas durante sus largos años de vida. Y no le importa ahora si dicho manantial desea o no ser profanado.

Se da cuenta de que con cada acto violento no sacia su sed ni encuentra algo similar a la paz, sino un infierno peor que el anterior. Pero sigue, empeorando sus gestos, convirtiéndose en una criatura del averno que quema y destruye con su simple roce. Sus uñas arañan su espalda como si quisiera desgarrarla y el último mordisco es tan fiero que sus colmillos crecen levemente, y dos marcas rojas se abren en su hombro derecho. Se aparta a medias y ruge, en un alarido escalofriante:


- ¡NOOOOOO! - totalmente fuera de sí termina de desgarrar su sudadera y hace trizas su pantalón, arrebatándoselo y lanzándolo al otro extremo de la celda. No hay compasión, solo algo definible como amor roto y necesidad de posesión. No por poder, sino por salvarse. Fuera quien fuera ella no ve otro camino posible. No la prodiga con las caricias de siempre en las que la hace sentir una diosa, sino que abre con violencia sus piernas y se adentra en su interior con auténticas explosiones de agonía. Con cada acometida desesperada jadea, con voz gutural: - No eres real... no lo eres... no... ese cabrón... te envió a mí... no... solo eres una puta. Lo eres - intenta convencerse a sí mismo con rabia mientras alcanza el placer en oleadas oscuras, sin darse cuenta de que aprisiona su garganta con una zarpa y la impide respirar bien -¡LO ERES, NO ERES MÁS QUE UNA PUTA!

Aquel horrendo clímax suena como peñascos de una montaña derruída, aplastando a su paso a una criatura divina. Se queda allí, sin apartarse ni un ápice, intentando recuperar un aliento que no recupera. No se siente mejor. Se siente asqueroso y putrefacto. Tras varios minutos se aparta de ella con extrema lentitud y, tambaleante, se deja caer en la pared contigua, mirando la estampa de la muerte que ha llevado.

Luego se arrastra y se deja caer, enterrando la cara entre las rodillas y sujetándose el pelo. Durante un instante parece quedar en trance, dormido casi.

Pero no. Sus hombros se convulsionan y de repente The Wild hace algo inesperado: sollozar como un niño pequeño.
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Neidin



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MensajeTema: Re: Millenium Falcon, Gran Casino   Mar Dic 02, 2008 3:28 am

Desea despertar, que todo aquello sea una maldita pesadilla y que cuando despierte simplemente este acurrucada como tantas otras veces. No es capaz de contener el llanto y es incapaz de sentir otra cosa que miedo, un miedo que tiñe sus alas de color negro, todo su ser se tiñe de ese color.

La unica persona que había jurado protegerla, la traiciona, de la forma mas horrible de todas. Su mente quiere decirle que no es él, que es presa de la locura, pero su corazón no la escucha mientras se hace añicos. No puede contener un alarido de dolor cuando la aferra de los brazos.

Y tras el golpe contra la pared que aturdida, tanto que se le nubla la vista. un nuevo alarido cuando la abraza contra sí, tiene una de sus alas rota y duele terriblemente al menor roce. Entonces le obliga a besarle y por una vez no siente deseo en aquella caricia, ni deseo ni amor.

Intenta protegerse con los brazos cuando el la desnuda, como presa de un nuevo pudor, pero en seguida el la aparta y se sacía en ella. Un nuevo alarido sale de su garganta cuando la penetra con brusquedad y clava sus colmillos sobre su piel. Con cada envestida su interior se desgarrra.

No escucha las frases que entorna su delirio, solo es capaz de sentir como todo su cuerpo se quiebra bajo su fuerza y como todo es dolor, es lo unico que puede sentir. Un dolor que como una cruel cuchilla corta todos los hilos que la unen con la cordura, con la realidad...

Su mente no asimila que sea él quien esta destrozando cada fibra de su ser, no puede ser él... Seguro que es una treta del senador seboso... seguro que es eso... Porque Wild no ha podido ser, no puede ser el... no puede... Porque él lo es todo y sin él ella no es nada...

-Wild, ayudame...-murmura con la voz desgarrada por la presión que ejerce en su cuello...

Entonces siente como su oscuridad la inunda y como la bestía se aleja.

¿Que queda del angel? plumas blancas esparcidas por toda la habitación, mientras sus alas lucen negras flexionadas en angulos extraños, su cuello marcado por su presa y arañazos y mordiscos marcando su piel como si de hubiera sido atacada por un animal salvaje. Pero lo mas extraño son sus ojos, que han perdido todo color, ni siquiera conserva la pupila, son completamente blancos.

De repente su mundo se ha vuelto oscuridad, ya no es que todo este borroso si no que de pronto todo es oscuridad. Y de pronto siente miedo, un miedo mayor aun al que ha sentido, se siente perdida, sola... Y no sabe a quien llamar... ¿O si?

-¿Wild?-Susurra con hilillo de voz...-todo esta oscuro... ayudame.-

Invoca la protección de su maldito verdugo, de la criatura que la ha destrozado, pero por otro lado solo desea volver a sentirse segura en sus brazos... ¿pero podra? A su alrededor solo percibe un lejano sollozo.

Solo puede limitarse acurrucarse como puede, aunque cada movimiento es una tortura.
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Wild
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MensajeTema: Re: Millenium Falcon, Gran Casino   Mar Dic 02, 2008 4:43 pm

Seguramente ahora todos verían en él una estampa ridícula, la carcasa de una criatura patética que no deja de llorar con aquella voz tan dispar, ronca y desgarrada, como si el espíritu de un niño de diez años hubiera ocupado su cuerpo. Pero, ¿sería esa la verdadera carcasa? ¿No sería la máscara la de aquel imbatible gladiador que no siente miedo ante nada? Ahora de esa falsa visión alimentada por los años no queda nada. De lejos oye la voz del ángel; escucha sus palabras, "ayúdame", pero no las comprende. Ni tampoco hace amago de acercarse a ella. Prefiere terminar de hundirse en su oscuridad.

Parece que los hilos de su cordura desean terminar lo que han empezado, autodestruyéndose esta vez del todo, porque de repente una visión asalta su mente en el transcurso de un respiro, y es tan poderosa que se estremece y se ve obligado a alzar confuso los ojos azules, ahora anegados en lágrimas y mostrandolos cortes sangrantes de un mar embrabecido que solo desea calmarse.

Un hombre con sus mismos ojos de zafiro, una mujer de rostro difuso y ondulado cabello negro yendo tras él a través del desierto, agarrando en su mano cálida otra más pequeña: la de un niño que la mira confuso y temeroso, como si no comprendiera nada de lo que ocurre. Y luego... llamas, destrucción, los cuerpos del hombre y la mujer muertos y acribillados a balazos. Manos invisibles llevándose al niño, que tiembla y llora, susurrando con desprecio la palabra "bestia". Los ojos del niño contemplando por última vez las pupilas muertas y dilatadas de la mujer, que parecen contemplarlo desde un reino de tinieblas como si quisieran darle fuerzas.

La visión dura tan poco que no parece haber sido real, pero el efecto es el mismo. Y esa sensación, ese recuerdo despertado, se une al peso la tortura vivida y la llevada a cabo por él mismo, con una eficacia devastadora. Se arrodilla, tambaleándose y al borde del desmayo, y luego apoya los brazos en el suelo y vomita sin freno. Parece que con cada arcada expulsa un demonio, y otro, y otro más... para dejarle un vacío hueco en el estómago mientras su pecho germina nuevos parásitos sombríos.

Es entonces cuando, jadeante y derrotado, se atreve a mirarla con los ojos empañados.

La visión le hace apartar con brusquedad la cabeza y emitir un gruñido lastimero, mientras se tapa a medias los ojos fuertemente cerrados como si quisiera huír de alguna clase de luz. Ahora más que nunca parece un felino acorralado: cautivo de sí mismo. Con esfuerzo y jadeando levemente se arrastra hasta ella; las alas que habían iluminado su putrefacción rotas y mancilladas; la piel que le hacía estremecerse con un placer que se creía indigno de sentir, destrozada por sus zarpas; los ojos que conseguían hundirle en un mar de calma, ahora vacuos, de luz desvanecida. Y todo aquello lo había causado él mismo. Siente un terrible hormigueo que se extiende por todo su cuerpo, mientras sus dedos temblorosos se acercan lentamente a ella, pasando sobre su rostro y su mirada ensombrecida sin rozarla. Quiere terminar lo empezado, acabar con su dolor y el suyo propio, pero no encuentra las fuerzas. Desvanecida la locura, solo queda otra vez el ansia de protegerla.

Aún temblando entierra un momento la cara en las manos, clavándose a medias las uñas. Es la viva imagen de la culpabilidad y la impotencia, porque aunque lo desee no se atreve siquiera a rozarla, a mancillar más su cuerpo con una sola mirada. Tiene miedo de que bajo su contacto y su influencia termine de volatilizarse y desvanecerse, como un sueño demasiado doloroso para ser olvidado.

Pero escucha su débil voz que susurra débilmente su nombre, olfatea su olor tierno y tras él la muerte que se aproxima, para arrebatársela. Él había invocado dicha muerte. Solo él puede desterrarla.


- No...

Con ese ronco susurro que suena gutural en su desesperación, se atreve por fin a inclinarse sobre ella y apenas pasar sus dedos por sus mejillas, ahora un roce tan inseguro como suave. La mira analizando con los ojos muy abiertos sus heridas, sus ojos, su cuerpo ovillado, sus temblores. ¿Qué puede hacer, cuando todo lo que desea es alejarse de ella, y solo puede tratar de restablecer su cordura para evitar otra destrucción?

A medida que la luz desaparece en ella también lo hace la suya, si es que tiene algo digno de ser llamado así.

De improviso, con velocidad pero una delicadeza extraña, temiendo quebrarla, la incorpora y la abraza procurando no hacerle daño. Sabe que eso es difícil, por no decir imposible. Pero la siente temblar, siente su frío, y aun bajo la profanación todavía es capaz de sentir el tacto de terciopelo de su piel, la seda de su cabello cuando enreda en él los dedos, la suavidad de sus pequeños senos contra su pecho. Deja de pensar para actuar. Sin atreverse a abrir los ojos, con una respiración dificultosa que en ciertos momentos se traducen en sollozos convulsionados, pasa sus labios por su cuello y su lengua recorre su piel, dibujando cada una de sus heridas, desde el hombro hasta más allá. No hay lujuria en sus gestos, aunque al principio lo parezca; sabe que su saliva tiene una débil porción de propiedades curativas, no lo suficientemente poderosas como para salvarla pero sí para aliviar mínimamente su dolor. Y si él nunca ha empleado esa parte de su poder consigo mismo ha sido porque no ha querido, porque el alcohol y la autodestrucción resultaban ser mejores deshinibidores y medicinas más eficaces.

Luego se incorpora, olvidándose de que él mismo está malherido y sin fuerzas, y la coge entre los brazos. La visión es tan grotesca como fascinante, con aquella bestia de ojos intensos secándose la sangre ajena, que cae en hilillos por la comisura de sus labios, con el dorso de la mano; sosteniendo a un ángel de alas rotas, pequeño y aún luminoso a pesar de todo. Hay algo en la celda que destaca, junto a la alfombra persa: una especie de piscina de piedra rectangular, de aguas turbias y una cascada cayendo de una tubería oxidada, en la que los hombres felinos suelen asearse o simplemente entretenerse, como insisten en ver aquellos que no ven nada humano en ellos. Se deja caer con ella dentro, en la esquina bajo la cascada, y el agua fría salpica a la mole tanto como a ella. Wild no parece notar que de repente está empapado y sus heridas se resienten; solo puede clavar en ella sus ojos y apartarle varios mechones empapados, deseando que la purificación la resucite, le vuelva a traer la magia, aquella que atravesó sus defensas.

Al ver que no reacciona tiembla más y mira a todos lados, casi buscando ayuda pero sin pedirla. No piensa hacerlo. Que vengan. Que venga el senador o cualquiera de los malditos cabrones que le han obligado a liberar su oscuridad. Que se atrevan a ponerle a ella una mano encima. Pero no sabe qué más hacer y él solo no la salvará; ya ha demostrado que solo tiene poder para hacerla trizas.

Con un gemido entrecortado la abraza con fuerza, hundiendo la cabeza en su coronilla, como si además de a ella quisiera protegerse a sí mismo y no caer en la oscuridad.


- No.... - susurra otra vez, delirante - No me dejes... regresa... vuelve... vuelve a mí...
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Neidin



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MensajeTema: Re: Millenium Falcon, Gran Casino   Mar Dic 02, 2008 10:13 pm

Todo es oscuridad a su alrededor, todo es una gran sombra que ha engullido su mundo. Mientras siente sus huesos rotos y la sangre manar de sus heridas. Cada vez se siente mas cerca de el otro lado si es que lo hay, y tampoco hace nada por agarrarse a la vida como trantas veces había hecho ¿Por qué a quien le importaba que hubiera una puta mas o menos sobre la faz de la tierra?

Porque aquellas palabras no dejan de resonar en su cabeza, a él pronunciando que no era mas que una puta mientras la destrozaba. Para que quiere vivir si todo lo que ha vivido ha sido una mentira, si para el siempre había sido otra ramera mas. Las lagrimas nacen como torrente incontrolable de sus ojos ciegos.

Entonces percibe aquella masa de luz azul acercarse a ella, y como sus emociones la traspasan, ira, fustración, odio, culpa ¿amor? se niega a creerlo.

-No me toques-golpea con debilidad intentando separarse en vano de su abrazo.

Siente que al leve gesto es como si le clavara un puñal en el corazón que a su vez se clava a si misma. Aunque siente que es una batalla perdida, él no va a dejar que se rinda, porque la necesita. Entre todo aquel caos que percibe esa es la unica certeza. Y le cuesta no rendirse.

-Dejame, no merezco la pena, no pierdas el tiempo con una puta-repite desde su propio caos, desde la propia oscuridad que se ha instalado a corromper su alma-Doy asco...

Pero su mente se relaja al sentir la caricia de su lengua sanadora, recorre su cuerpo con ternura y devoción y consigue borrar en parte la sucierdad que siente manchar su cuerpo. A tientas alcanza a acariciar su rostro y se sorprende al notar sus lagrimas.

-¿Porque lloras? No merece la pena llorar por mi...-dice casi con desprecio, como intentando alejarlo. Pero sus manos acarician su pelo contradiciendo sus palabras.

Entonces nota que vuelta a tormarla en brazos e inconscientemente le rodea con los suyos, tan frágiles y menudos y a la vez tan dulces. Porque puede notar su desesperación y que en aquellos momentos solo le importa ella, nota tambien como ignora su propio dolor para protegerla.

Entonces nota el agua y se asusta terriblemente, tanto que sus uñas se clavan en su espalda con demasiada fuerza como si temiera ahogarse. Entonces deja que el agua fría limpie su ser y a la fez que el frio limpia su ser su mente se va aclarando.

Y se da cuenta de que no puede culparle de lo ocurrido, a el no, aunque si a cierto gordo seboso con un cargo en el senado.

Pero sigue asustada, se da cuenta de que tiene los ojos abiertos pero de que no puede ver nada a su alredor mas que la luz azulada que desprende Wild.

-¿Wild, porque todo esta oscuro, porque no puedo ver?-

Se aferra mas a él, la unica luz que percibe en mitad de la oscuridad, una luz capaz de devorarla como si fuera simples ramitas expuestas ante el fuego de un dragón.
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