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 Fei-Lóng, el Dragón Rojo, restaurante chino

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Scarlet P. Isley
Mutante Nivel 2


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Fecha de inscripción : 14/04/2008

MensajeTema: Re: Fei-Lóng, el Dragón Rojo, restaurante chino   Jue Mayo 15, 2008 4:14 pm

Entro en el restaurante a la vez que me anudo por cuarta vez en el día el cinturón del chaqueton gris.
Tras flanquear las puertas de cristal me retiro la capucha dejando mis cabellos pelirrojos libres y camino con paso rapido, saludando brevemente a los pocos conocidos que veia, casi todos cientificos y un vecino con su esposa y sus hijos, hasta llegar al bufet libre.

Cojo un plato, olvidandome de coger la bandeja para llevar la comida, y me sirvo un poco de tallarines con pollo y salsa en especias. La verdad es que no entendia porque me habia molestado en salir de los laboratorios a la hora de comer, normalmente me quedaba alli, comiendome un bocadillo de cualquier cosa, y volviendo a trabajar rapidamente. Odiaba los descansos, eran demasiado largos para mi gusto, pero aquel día me apetecia salir, respirar aire limpio y ya que estabamos comer decentemente.

Cogi el tenedor, un vaso de agua, y fui a pagar como pude. Despues de pagar cogi el tenedor con la boca y camine hasta una mesita al fondo, para dos personas, bastante solitaria. Deje el plato, el vaso y el tenedor sobre esta y me sente con cuidado, por miedo a romper aquella sillita de bambu que parecia tan fragil a simple vista.

De mi bolso, un bolso algo raido del mismo tono de mi chaquetón, saque un libro sobre botanica y comence a comer en silencio, leyendo apresuradamente las paginas de aquel volumen tan especial para mi.







Al de una hora, cuando mi rato para comer esta a punto de terminar cierro rapidamente el libro, me bebo apresuradamente lo que me quedaba de agua, y salgo medio corriendo del restaurante, nerviosa por ser la primera vez que llego tarde al trabajo.
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Phoenix Wright
Miembro del Consejo de Justicia


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Localización : The Courtroom
Fecha de inscripción : 17/05/2008

MensajeTema: Re: Fei-Lóng, el Dragón Rojo, restaurante chino   Lun Mayo 19, 2008 2:31 am

Ese día tenía la cabeza bastante en las nubes. Había pasado por el Consejo pero no tenía nada pendiente. Al Consejo no le gustaba mucho la idea de tener en sus filas a un incorrupto: le habían intentado comprar varias veces, pero él se negaba a aceptarlo. La idea de ver la Justicia de un modo que no vaya más allá de los intereses de personas poderosas solía horrorizarle: era por ello por lo que solía romper los esquemas en el tribunal. Ello provocaba crispación entre los que allí se hallaban, por ello, siempre intentaban asignarle el menor número de casos posibles y por supuesto, los menos interesantes. Así que ese día no tenía trabajo, y ya iban dos semanas que no hacía más que comprobar casos viejos y jugar Online.
Ahora, entraba en el Dragon Rojo. No era su restaurante favorito, pero uno de sus amigos más cercanos trabajaba dentro y solía charlar alegremente con él.

Mientras pensaba en lo suyo y se aproximaba a la barra, tropezó con algunos clientes, a los cuales pidió disculpas y siguió avanzando. Ya a varios metros de la barra, vió a su colega y se saludaron con un gesto, aunque Wright añadió su típico "holaaaa" y se sentó.

- Hacía un tiempito que no te pasabas por aquí, Wright. -Comentó el camarero. -¿Algún caso importante?
- No, aún no tengo nada entre manos. -Respondió de malas ganas. -Ya sabes que al Consejo no le gusta tenerme entre sus filas, aunque no tienen otra opción. Sin embargo, yo...
- Tienes esa mirada. -Cortó el camarero. - Tienes la mirada de "Wright, Wright...a veces soy un idiota"
- ¿Eh? -Phoenix vaciló un segundo, confuso. - ¿Como que tengo la mirada de "Wright, Wright...a veces soy un idiota" ? Esta es mi mirada de siempre...
- No puedes engañarme. -El camarero era un gran amigo de Wright, y a veces, entre ellos dos, solían desahogarse sobre sus problemas. Ambos sabían escuchar perfectamente y ambos sabían ver cuando a alguien le preocupaba algo. No había secretos entre ellos. - Se que ha pasado algo. Vamos, no te cortes. -Dijo el camarero, felizmente, mientras servía un vaso de agua, el cual Wright (aunque no lo había pedido) agradeció profundamente.
- Phoenix aguardó unos segundos antes de responder, mientras miraba con expresión dubitativa hacia el techo. Finalmente, volvió a mirar al camarero, al cual respondió:
- Hoy he hablado con un chico de quince años. Al principio pensé que podía ser drogadicto o algo ("Porque sus ojos y su voz me daban bastante miedo, siendo sincero") pero luego averigué que trabajaba en SOLDADO. En un principio. -Paró un segundo para recordar su conversación, tragó saliva y continuó. -En un principio pensé que se trataba de una broma. Luego...luego me contó que trabaja en SOLDADO, y que por tanto, había...había...bueno, había hecho cosas... la clase de cosas que se hacen en SOLDADO.
- ¿Y qué? -Preguntó el camarero de forma brusca.
- ¿Cómo que "y que" ? Es un chaval. Un chaval de quince años.
- Pero tu deberías saber más que...[/i
]-Fue ahí donde Phoenix estalló. Golpeó la barra con las dos manos abiertas (Como solía hacer muchas veces en los tribunales para protestar) y con la voz particularmente alta gritó: - ¡ Es un crío, maldita sea ! ¡ Es tan solo un crío !

- La gente que se hallaba dentro del establecimiento dió un sobresalto y fijaron su atención sobre el individuo que iba de azul y tenía un estilo de peinado bastante raro. Aunque al cabo de pocos minutos volvieron a sentarse y todo cobró la normalidad y el silencio de antes.

[i]-El camarero, que ahora parecía que estaba al borde de un ataque al corazón había perdido color del sobresalto. -Por amor a Dios, ¿quieres calmarte? ¡Me has dado un susto de muerte!

-Lo siento, yo... -Se disculpó Wright. Era una persona que se dejaba llevar bastante por sus impulsos. Muchas veces actuaba de manera rara.
- ¿No hemos hablado mil veces sobre este tipo de cosas? -Se quejó el camarero. - Maldita sea, recuerda aquel caso: un chaval de trece años le voló la tapa de los sesos a un anciano.
- Pero el era un drogadic...
- ¿Y aquel del padre que apuñaló varias veces a su hija de ocho años? -Ahora la voz del camarero sonaba más cruda, lo cuál hacía que el corazón de Wright se sintiera más apenado.
- Pero... -Intentó hablar Wright.
- Ah, es verdad. También está aquel chico que fue armado a su colegio y acabó con la vida de cuatro alumnos y dos profesores.
-Wright se había rendido a la verdad. Apoyó su cabeza contra sus manos y miraba para el suelo, pensando acerca de todo. Intentaba no llorar.

- Phoenix... - Intentó consolarle. - Tienes un corazón demasiado puro. - Y dijo esto mientras se lo golpeaba, aunque no muy fuerte para no hacerle daño. - Tu corazón no concibe más que un mundo en el que todos seamos felices. Sobre todo en los juicios es donde más se te nota...cuando miras a un lado e intentas no llorar. Pero hasta tu mismo sabes que el mundo es demasiado crudo como para ser tal cuento de hadas, y siempre intentas ignorar la verdad que tanto sueles predicar...que un niño mate hoy en día es tan normal como que un viejo asesine a un bebé. Vamos, hemos hablado de esto mil veces...
-Wright ahora se puso como antes y aunque dirigía la mirada hacia el suelo y no tenía ganas de charlar más, dió un sorbo a su vaso de agua y con curiosidad comentó:

- Ese chico tenía algo raro.
- ¿Algo raro? -Ahora al camarero le picaba la curiosidad. Se acercó lo suficiente a Wright para poder oirle perfectamente.
- El magatama ha reaccionado con él. -Concluyó Wright.
- ¿Y eso es raro? La gente no te puede contar de buenas a primeras su v...
- Los candados eran de color negro. -Cortó secante Wright.
- ¿Cómo acabas de decir? - Ahora la expresión del camarero se había tornado en una mueca de sorpresa (FDR= affraid )
- Negros. Lo he podido notar. -Wright se detuvo de nuevo para recordar aquella sensación. Eran fríos. Eran oscuros, llenos de desesperación o algo por el estilo. Lo intenté, pero parece ser que esos candados son irrompibles. Nunca había pasado esto...¿quieres explicarme que significa?
- No...no lo se. -Dijo el camarero. -No...no sabía que pasaran cosas como esas con el magatama. Pero si son negros, y son irrompibles, se debe a que el magatama ha sondeado su mente y ha encontrado esa pregunta, aunque no ha encontrado respuestas. En definitiva, el sujeto no puede darte una contestación a esa pregunta. Por ello, quizás sean irrompibles.
- Wright miró a su reloj. -Se ha hecho bastante tarde, aunque me alegro de volver a verte, querido compañero. -Dijo Wright, con una expresión de felicidad. Pero... -Su expresión se tornó a estar muy seria. -Necesito solo un favor. Necesito que me robes información...
-Corrigió. -Qué encuentres información sobre esta persona. Se llama Alfa DaCore. No es nada en particular, tan solo curiosidad.
- Tioooooooooooooooooo. -Dijo el camarero con una mueca estúpida y unos ojos saltones. -Tiooooooooooo, ahora trabajo de manera honrada, no me dedico a robar. ADEMÁS, tu mismo has dicho que es un SOLDADO. ¿Sabes lo que me puede caer encima si me pillan buscando información sobre uno de sus integrantes?
- No necesito que seas tú quien encuentre esa información. Puedes tirar de algunos hilos, como sueles hacer siempre. -Dijo, con una sonrisa, recordando algunos momentos cómicos que ha provocado "tirar de los hilos" con este tipo. -Venga, hombre, como los viejos tiempos: tu me dabas una de esas chocolatinas que estaban tan buenas y yo te dejaba copiar los exámenes. -Recordó, con otra sonrisa aún más amplia.
- ............................................. -El silencio fue repentino, aunque no tardó tiempo en contestar. -Vale, pero me vas a deber una muy grande tras esto.
- Sin problema. -Respondió Wright. -En fin, gracias por todo, colega. Ahora debo irme. -Apuró su vaso de agua, y estrechandole la mano al camarero, se alejó del establecimiento.


- Siempre he pensado que a este tipo le falta un tornillo. -Comentó el camarero cuando Wright estaba a suficiente distancia como para no oirlo.
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Phoenix Wright
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MensajeTema: Re: Fei-Lóng, el Dragón Rojo, restaurante chino   Miér Mayo 28, 2008 11:11 pm

Entró de mala gana al restaurante, mientras susurraba "Voy a cometer un homicidio" repetidamente. Llegó hasta la barra y soltó su mítico "holaaaaa" aunque con una entonación tan falta de ganas que daban ganas hasta de suicidarse.

- Eeeey, nick, ¿qué hay? ¿Quieres algo? Me sé de algo por aquí que te va a encantar. -Acto seguido, se agachó para cubrir el cuerpo parcialmente tras la barra y volvió a aparecer con una botella de color blanca en las manos. Bebida Alcohólica.

El silencio se prolongó unos segundos, hasta que decidió hablar el pelopincho:

- Yo no bebo alcohol, y lo sabes. -Su voz sonaba desganada, tenía ganas de ir a parar a la cama en cuanto tuviese el momento, y aquello le fastidiaba la tarde.
- Chissssssst. -Cortó el camarero. -La botella de alcohol es para mí. ¿Qué te crees? Para tí te pondre agua o algo por el estilo. Es para brindar por el gran favor que te acabo de hacer.

Acto seguido, se sacó un papel blanco del bolsillo ( ) y se lo entregó a Phoenix. En este rezaba una descripción detallada con imágenes acerca de una persona: Alfa DaCore.

Phoenix recuperó ánimos. Examinó el papel con curiosidad, y al mismo tiempo, con intriga. Nadie dijo nada, e incluso el restaurante parecía que se había quedado mudo a la espera de que Phoenix terminase.

-Vaya, esto si que es un buen trabajo. -Asintió Wright.
-Dáselas a Glen. El me dió la información, yo solo la copié y la traje.

Wright dejó de leer para mirar a los ojos al camarero, incredulo.

- Espera, ¿el viejo Elg trajo esta información? -Vaciló unos segundos. - ¿Quieres decir que ha obtenido la información a base de hackear los servidores de red? Pero yo creí que...
- Yo también creí que lo había dejado, pero sin embargo, todavía te debía un favor por aquel caso en el que salvaste a su mujer. Siempre ha pensado que podría hackear de nuevo por si necesitabas ayuda y por ello no lo dejó, es más: la mujer aceptó aquello hasta que le pidieses un favor. Llamé a su puerta y estuvo encantado de ayudar. Tardó unos días, pero tras tumbar todos los firewalls posibles, se coló en los servidores y sacó la información.

Se paró unos segundos pensando en su amigo Glen Elg, aquel despreocupado friki que rebosaba bondad y amabilidad por todos los lados. Recordó también su HMD, que lo había creado él mismo, y en muchas más cosas.

- Pero si entonces, supuestamente le he devuelto el favor, quieres decir que...él...
- Sí. -Asintió el camarero. -Finalmente, pero no triste, sino todo lo contrario, borró todos sus archivos, robos y demás. Y eliminó el programa.
- El... ¿el programa de hackeo en el que invirtió cinco años de su vida? Pero si eso practicamente era su vida...
- Ya no. Ahora es Glen Elg: cocinero. Dice que dedicará tiempo a su mujer y a su hija. Es hora de sentar la cabeza.

Cerró los ojos, y puso una mueca de felicidad en su cara.

- Pues si yo no siento la cabeza, creo que me voy a desmayar. -Comentó.
- Pues nada, Nick. Hasta otra, tío. Cuidate, y no te metas en líos. Al menos, no en muchos. - El camarero conocía bien a Phoenix.

Se dirigió a la salida. La vez anterior, tenía una cara de preocupación cuando salió del local. Sin embargo, ahora salía con su sonrisa característica. Había escuchado algo que le reconfortaba, y le llenaba de alegría.

-(¡Si señor! ¡Por fin buenas noticias!)

...Y se perdió por las calles, con rumbo hacia su oficina.
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Evangeline Morrison



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MensajeTema: Re: Fei-Lóng, el Dragón Rojo, restaurante chino   Mar Ago 05, 2008 1:57 am

El tintineo de la campana de su bicicleta es lo único que suele avisar de la presencia de Evangeline, o Eva, como más comunmente es conocida. ¿De qué otro modo iba la gente a percatarse de la silenciosa y callada muchacha, con su eterno jersey gris holgado, los mitones de cuero negro y el pañuelo en torno a la cabeza, esta vez de color naranja?

Gira la esquina con su expresión eterna de impasibilidad, un tanto distraída, con los ojos tan grandes y redondos que parecen sorprendidos siempre. Todo el mundo diría que está en las nubes, cuando su mirada lo capta todo, se da cuenta de todo, lo registra todo en el cerebro. Pedalea con destreza en su bici mientras carga en el hombro derecho el recipiente blanco con una inscripción china en rojo, donde suelen ir los boles de la comida que reparte.

Parpadea una sola vez y se detiene frenando con una pierna, sorprendida (aunque a simple vista en su cara no haya cambios, pues lo raro es ver otra cosa) cuando escucha voces de hombres y ruidos de pies que corren. Al cabo de unos segundos surgen de una esquina miles de hombres trajeados y de todas las etnias, cargando sus pistolas. Uno de ellos tiene la pierna ensangrentada y tienen que arrastrarlo entre dos. Eva abre un poco los labios, fascinada por la visión de la sangre.


- ¡Vamos, vamos! - grita uno de ellos, calvo, raquítico y con gafas de sol, de procedencia chinoamericana. Mira hacia Eva y vuelve a apartar la vista, pero parpadea y la mira sorprendido cuando la reconoce - ¡Eva! ¿Qué coño haces tú aquí?

- Es que trabajo aquí - dice ella con una lógica aplastante, encogiéndose de hombros. Intenta no mirar demasiado hacia el hombre que gime de dolor, y le recorre un escalofrío al recordar su pierna torcida en un ángulo extraño. Traga saliva. El mafioso se rasca la cabeza y entonces comprende, al mirar hacia las puertas del Fei Lóng.

- Ah... sí, sí, claro... escucha, niña...

Lo dice intentando aparentar paciencia. Los enormes ojos de Eva recorren su rostro sudoroso, los incesantes parpadeos tras las gafas, sus movimientos y su tic nervioso en la comisura de los labios, y piensa que es bastante estúpido que crea que la engaña. Pese a todo asiente, invitándole a seguir.

- Tienes que ir dentro - dice él - Mira, si tu padre se entera de que te has metido en esto de algún modo... en fin... - le recorre un escalofrío - ¡Vamos, vete, vete de aquí!

"Es lo más sensato", piensa, apretando los labios y luchando contra la retahíla de preguntas que la asaltan de golpe: ¿qué ha pasado?, ¿una traición?, ¿quién ha disparado a ese hombre?, ¿cuántos han muerto? Aquella vez gana su sentido racional, y asiente sin réplica mientras inicia de nuevo su marcha hacia el restaurante.

Mientras baja de la bici y abre las puertas correderas, viendo cómo el grupo se aleja en la lejanía, Eva se toquetea con un suspiro la chapa metálica del colgante que lleva al cuello. Entonces, maldiciéndose ceñuda por quedarse a mirar más, entra definitivamente en el restaurante y cierra de un portazo.
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MensajeTema: Re: Fei-Lóng, el Dragón Rojo, restaurante chino   Hoy a las 2:52 pm

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