Bienvenidos al futuro
 
ÍndiceGaleríaFAQBuscarMiembrosGrupos de UsuariosRegistrarseConectarse

Comparte | 
 

 Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
Raven
Mutante Nivel 3


Cantidad de envíos : 197
Localización : En las sombras...
Fecha de inscripción : 14/04/2008

MensajeTema: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Lun Mayo 12, 2008 4:49 pm

Este estadio, ni más ni menos que una perfecta reconstrucción de lo que en su día fuera el Coliseo de Roma. Se encuentra en la zona este del nivel 2, y es lo que es: un coliseo en el que los esclavos mutantes son llevados a luchar hasta la muerte, para disfrute de la clase privilegiada.

El aforo cuenta, como el original, con capacidad para 50000 personas, con zonas VIP para los altos cargos del Senatus y el Clero, y para las familias y burgueses de más renombre. En él podemos disfrutar de batallas de gladiadores muy similares a las del Antiguo Imperio Romano, pero sustancialmente "modernizadas": cuando los presos salen a la batalla, se levanta un campo electromagnético en torno a ellos para impedirles escapar, y de hecho reciben dolorosas descargas eléctricas si se atreven siquiera a rozarlo. Un luchador puede obtener victoria inmediata si lanza a su enemigo contra el campo.

Los gladiadores suelen llevar al cuello anuladores de poder, especialmente si son excepcionales, como de nivel 3. De ese modo los espectadores disfrutan de una lucha larga con armas y cuerpo a cuerpo. Sólo en ocasiones especiales se les permite emplear su poder, y en esos casos las protecciones del campo electromagnético se incrementan lo indecible para que ningún civil sufra daños irreparables.

Del subsuelo de la arena se levantan varias rampas de metal y hierro, accionadas por las redes informáticas del lugar, para cuando los gladiadores tengan obstáculos: criaturas capturadas del desierto y la selva, como arañas gigantes, escorpiones, alguna que otra salamandra de fuego... incluso muy de vez en cuando SOLDADO captura a un gran gusano de arena, para las fechas señaladas y las ocasiones especiales.

Los obstáculos no son sólo animales. También cyborgs y robots fabricados y entrenados con el propósito de matar y proporcionar espectáculo a los nobles. En la zona este de la arena hay un pequeño bunker que no es otra cosa que un garaje: en él se guardan motos aerodeslizantes para que los combates sea más veloces y entretenidos.

Se conserva el espectáculo de la Naumaquia, batallas acuáticas, que pueden ser sobre lanchas aerodeslizantes o a nado. Para complicar la cosa se suelen soltar centinelas o "robots de agua". A los luchadores se les proporciona desde armas de fuego (en estos casos se levantan en la arena columnas y paredes para que el espacio sea laberíntico y más tenso) o, más comunmente, armas blancas imbuídas con nueva tecnología de ofensiva y protección.

En los subterraneos del coliseo, ala este, están las celdas de los esclavos. En el ala sur, "el zoológico". SOLDADOS Base y de Élite vigilan constantemente el lugar.

_________________

There's no god who ever tried
To change the world in this way
For the ones who abuse His name
There'll be no chance to escape
On judgement day
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Wild
Mutante Nivel 2


Cantidad de envíos : 26
Fecha de inscripción : 06/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Miér Ago 06, 2008 6:51 pm

Aquél es su día libre. Se lo había ganado por la actuación del día anterior, en el que bajo el sol ardiente del medio día había hecho gritar de euforia al público una vez más. Su habitación en los sótanos del Coliseo es de tamaño normal, con una ventana y un diván, incluso adornos y objetos que le permiten tener para adornarla mejor. Es una de sus recompensas por enriquecer tanto a sus señores; pero pese a la aparente sensación acogedora, hay ciertas cosas que no escapan a una vista aguda: los barrotes de acero y orihalcon que abrazan la ventana, los campos magnéticos que vibran en la puerta cerrada, la sobriedad de los cortinajes y el mobiliario.

Aquello no es más que una carcel muy guarnecida.

Pero a él eso le da igual. En esos momentos se encuentra tirado de mala manera en el diván, con una pierna fuera y el robusto brazo derecho sobre los ojos, tapando en parte un rostro demasiado enrojecido. El brazo izquierdo, recubierto en parte de placas de metal, se balancea cerca del suelo y sujeta una mugrienta botella de aguardiente con miel. No viste sino unos desgastados pantalones negros y el eterno collar de metacrilato.

En el exterior los jóvenes nobles siguen hablando de lo sucedido ayer, la forma en que el silencioso y siempre fiero Wild desató los poderes de la bestia para cargarse de una forma sanguinaria a los siete enemigos que lo amenazaban, y que no gozaron de oportunidad para defenderse. Tal vez debería estar contento, pero sólo él sabe la verdad: diez años atrás no hubiera necesitado liberar al berserker para cargarse a siete gladiadores de nivel medio, ni tan siquiera a doce. Pero ayer el cansancio le había jugado una mala pasada. ¿Jadear tras media hora de combate? Eso no era propio de él.

Lo peor había sido la mirada de sus amos, preocupada y analítica, llegando a silenciosas conclusiones con la mirada y negando con la cabeza. Empiezan a verle no como a The Wild, el Gran Guerrero que les ha hecho de oro durante más de veinte años, sino como a un hombre que, por muy legendario que sea y por mucho que su potencial natural le haga estar físicamente igual que a los treinta, ya empieza a envejecer y acabará siendo inútil para el negocio. Él prácticamente sólo ha conocido esa vida, solo se ha sentido importante como luchador y es el único motivo que tiene para seguir vivo.

Tensa las comisuras de sus labios, en un evidente temblor de ira contenida, y con rabia toma otro trago de aguardiente. Un hilillo de alcohol resbala por la comisura de sus labios. Se lo seca bruscamente con el dorso de la mano.

En esos momentos escucha el extraño sonido electromagnético del campo que rodea la puerta. Bebe otro trago con una expresión de sombrío rencor; no necesita mirar para saber que es "su pedido". Escucha la voz del SOLDADO de Élite que custodia sus habitaciones, instándola a entrar. La mira desganado, abriendo un ojo: una alta chica gato, esclava del Royal Lynx, cubierta con una raída capa de viaje. Sólo se distingue de ella los pícaros rasgos felinos de ojos verdes y rasgados, el collar de su cuello y las orejas de gato en medio de un mar de pelo negro, con flequillo y dos graciosas coletas. En el collar tintinea un gracioso cascabel.

La puerta se cierra tras ella, y el SOLDADO les deja solos antes de exhibir una sonrisilla descarada. Se levanta de nuevo el campo electromagnético. La chica parece aburrida, como haciendo algo rutinario; analiza la habitación en la que está con una mueca de desagrado, que se acentúa unos segundos al detenerse en el "corpulento borracho tosco, sudoroso y nada elegante", para ella.


- ¿Ha contratado mis servicios, señor...? - pregunta con voz aguda, una frase absurda. Frunce el ceño cuando Wild parece ignorarla, más entretenido en clavar sus ojos siempre ceñudos y tenebrosos, como dos pozos abismales de relámpagos, en el techo. Ella suspira - Señor...

Entonces él la mira, sólo moviendo los ojos. Aquella máscara de exasperación tormentosa parece eterna en él, por muy tranquilo que parezca estar. Asiente con la cabeza. Ella parece a punto de poner los ojos en blanco, pero se contiene, recordando al parecer que está con un cliente; dibuja una jugosa sonrisa felina y se deshace de la capa. Su atuendo consiste en unos ajustados pantalones de satén negro y un top, que insinúa mucho y enseña poco. Lleva unas pulseras en los tobillos y tiene cola, adornada también con cascabeles. Se acerca a él contoneándose como una gata traviesa, gateando y acariciando sus muslos cuando llega a su altura, de una forma muy sugerente.

- Pídeme lo que quieras, amo - susurra, acariciadora, emitiendo luego un suave ronroneo.

Él se había resistido hasta ese momento a mirarla a los ojos, pero entonces lo hace, analizándola. Siente una punzada de odio; qué ridiculez, debe rondar los veinticinco años y sin embargo actúa como una niña de quince. Es patética, y patético también la forma en que se empeña en hacer ver que le desea, cuando salta a la vista su repugnancia. Al menos tiene la sensatez de intentar ocultarla. Sin embargo, en medio de la ira siente una dolorosa punzada de deseo. Eso actúa como aceite hirviendo en su rabia. Aprieta los labios y, tal vez con demasiada brusquedad, lleva su mano izquierda a su rostro y aferra sus mejillas. La chica muestra unos instantes una mirada de horror y hace amago de alejarse de su contacto, pero acaba recuperando la sonrisa. Él ladea la cabeza sin sonrisa alguna; casi parece entornar los ojos con placer al tantear esas mejillas tersas, y sin poder evitarlo su pulso se acelera cuando ella le lame la palma de la mano como una gata relamiéndose.

Al parecer dándose cuenta, vuelve a apartar la mirada con violencia, gruñendo por lo bajo. Se lleva la botella a los labios, sin mirarla. Antes de beber de nuevo, dice:


- Haz lo que tengas que hacer - su voz tiene un curioso matiz ronco que recuerda al rugido acechante de un tigre. Entonces bebe, sin ver la mirada de desesperación y enfado de la chica gato. No vuelve a pronunciar palabra, ni siquiera cuando ella se pone a horcajadas sobre él y le desabrocha los pantalones, besando su cuello y recorriendo su pecho con los labios hasta más allá de su ombligo. Su vista se nubla, bebe de vez en cuando mientras empieza a jadear; pero no, no parece disfrutar; aquel placer se le antoja deleitoso y asqueroso a la vez, una necesidad de la que no puede librarse, la humillación de conseguirlo pagando. Se acerca al clímax del placer y de la ira apretando los dientes y aferrando los cojines del diván.

Cuando estalla, se deja llevar por su furia animal una vez más. Sabe lo que es, un jodido monstruo con mucha influencia gracias a su reputación, y no piensa cambiar eso. Dirige injustamente su odio hacia la chica, apartándola de sí con un empellón cuando acaba parte del trabajo. Ella cae sobre el suelo sorprendida, con un grito ahogado.


- ¡¿Pero qué coño estás haciendo?! - pregunta, ofendida, pero intimidada cuando Wild se incorpora abrochándose los pantalones y le dedica una mirada de fría y furiosa advertencia.

Abre sin delicadeza un cajón de la carcomida cómoda y extrae un saco con monedas. Se lo lanza.


- Ahí tienes - gruñe en voz baja - Ya puedes irte - deja escapar un suspiro entrecortado y se apoya sobre la cómoda, bajando la cabeza. Se frota los ojos, notando los efectos embriagadores del aguardiente.

Ella no se mueve del sitio, y abre la boca cada vez más cuando ve la escasa cantidad del saco. Le mira, ganando la cólera sobre su miedo.


- ¿Sólo esto? - pregunta incrédula - ¡No fue lo que me prometieron! ¡No puedo volver al Club con esto, mis amos me castigarán!

- Ese no es mi problema, has hecho la mitad del trabajo - dice él tras varios segundos, como un animal a punto de saltar; no se mueve ni se da la vuelta, pero crispa las manos sobre la cómoda - No te he pedido más. Es lo justo. Vete de aquí.

La chica tiembla indecisa, incorporándose. Le da miedo, no quiere tentar a su suerte. Sin embargo, todavía le da más miedo el castigo y la furia la vuelve imprudente. Le lanza el saco, que se estrella contra su robusta y llagada espalda tatuada de líneas negras.


- ¡¡Vete a la mierda!! - chilla - ¡No he accedido a trabajarme a un maldito y asqueroso viejo para volver con las manos vacías! ¡No me hubiese acercado a ti si no me hubieran prometido pasta!

La tensión puede cortarse con un cuchillo, cuando Wild se queda mortalmente quieto y mudo, como una estatua de mármol demasiado cincelada. Entonces la mira de soslayo, aunque el pelo negro y ondulado tapa en parte su rostro.

- ¿Qué has dicho? - pregunta con falsa calma, de nuevo pareciendo un tigre.


- ¡Lo que oyes, cabrón! - grita ella, ahora fuera de sí - ¡Me das asc...!

No puede acabar la frase. Fue un visto y no visto, como si de repente un volcán inactivo explosionara llenándolo todo de fuego y destrucción. Aprieta los dientes y destroza la cómoda con un certero y mortal golpe de su brazo izquierdo, antes de saltar, coger a la chica gato por el cuello y estamparla contra la pared. Aprieta, cada vez más, temblando, y los ojos desorbitados y aterrados de ella ven como los de él ya no son azul zafiro, sino negros y amarillos. Son los ojos de un diablo. Intenta liberarse y respirar, pero sólo puede boquear, empezando a desfallecer.

Una luz de cordura inunda la mente de Wild. Su ceño se relaja un poco y sus dientes dejan de estar tan apretados; la vena de la sien no se le marca tanto. Parpadea, dándose cuenta sólo en ese momento de que está a punto de quebrarle el cuello a una simple chica. Tras varios segundos de confusión y caos, abre la mano y deja que caiga sobre el suelo. Se da la vuelta, caminando lentamente hasta una mesa con un espejo. Alza los ojos y ve, a través del reflejo, a la chica tosiendo sin parar e intentando incorporarse. Cuando lo consigue, susurra peligroso:


- Vete de aquí - ella no se mueve. Wild desorbita los ojos -¡¡FUERA!!

Y entre lágrimas, sin coger siquiera el saquillo que le había dado, la chica gato sale de allí corriendo. Cuando vuelve a quedarse solo contempla, con una severa máscara de odio en un contenedor demasiado pequeño, su reflejo. Sus rasgos animales, su pelo negro empapado, su piel curtida cubierta de heridas, los implantes biónicos de su brazo.

Con un rugido, rompe el espejo, sin importarle el dolor atroz que siente cuando los cristales se clavan en sus puños.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Neidin



Cantidad de envíos : 28
Fecha de inscripción : 04/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Miér Ago 06, 2008 7:43 pm

Entra con cierto recelo en la cueva del tigre, preparada para encogerse si saltaba sobre ella dispuesto a romper su cuello o a algo mas doloroso, aunque al dolor era algo a lo que estaba acostumbrada.

Como férreo guardián Atlas un jaguar de pelaje negro sigue silencioso los pasos de la chica, le habían concedido ese privilegio como protección. Ninguna de las chicas quería venir, no querían yacer con el monstruo que casi le parte el cuelo a Mina, ella no quería venir pero todas se habían puesto de acuerdo para proponerla a ella.

Estaba acostumbrada, siempre confabulaban para enviarle a ella los clientes difíciles. Era su condena por ser diferente, diferente incluso de ellas pues al no ser una chica felino no le habían dejado integrarse en su reducido grupo, por eso y porque su belleza inocente podía equipararse a la de las modelos de algunas revistas y podría estar en una portada si no tuviera dos inútiles alas en la espalda, si no las tuviera seria libre y no una esclava.

Nota el olor a alcohol y sudor, también a sangre y nota como esta agazapado en las sombras. Se estremece y sus ojillos no pueden ocultar el terror que se manifiesta en ella, mientras su corazón late como si quisiera escapar de su pecho.

Con calma deja caer la capa de viaje, dejando a la vista un cuerpo de calidas curvas envuelto en una gasa transparente que deja poco o nada a la imaginación. Despliega despacio sus pequeñas alas entumecidas al estar tanto tiempo plegadas bajo la capa.

Hace una pequeña reverencia y mantiene la mirada en el suelo.

-Para servirle, mi señor.-Y aunque intenta que su voz sea firme tiembla un poco.

Y cuando el se acerca con un gesto demasiado brusco no puede evitar asustarse y que sus alas se tiñan de negro azabache, y siente que tal vez se sienta ofendido por la pronta corrupción del producto.

-Yo lo siento señor, es algo que no puedo controlar…-se disculpa.-Es algo que ocurre cuando me sobresalto.-

Y se atreve a alzar la mirada esperando encontrar una bestia furibunda, cuando lo que se encuentra es un tigre herido, con la piel abrasada por la mordedura del látigo. Y el horror de sus ojos desparece bajo la luz de la dulzura que también ilumina sus pequeñas y frágiles alas.

Señala hacia un rincón y el jaguar se tumba dócil sabiendo que aquel hombre no es una amenaza.

Y se acerca al diván donde se encuentra el hombre y moja la esponja que descansa en la mesa de al lado en el cuenco con agua, retomando los cuidados que el medico de los esclavos no se atrevió a realizar, sin siquiera pedir permiso.

Pues ella ya no ve a un monstruo si no a un hombre.
-¿Me permite?-Pregunta tardía tras haber limpiado varias heridas.

Y no se para esperando respuesta, continua limpiando con dulzura y tacto calido los mordiscos del látigo sobre la carne del esclavo, un esclavo como ella.

Y en sus ojos en esos instantes violetas se ve que no ve en él al fiero guerrero, ni a la bestia, ni al esclavo, si no a otra criatura que necesita su luz, esa luz que el mundo se empeña en apagar pero sigue brillando.

Ella es diferente a todas las chicas gato, no es melosa, no finge interés, no intenta ser la perfecta concubina, tal vez porque lo habitual sea que la encadenen y la destrocen, sin darle opción a más.

Termina de lavar su cuerpo, aplicando tras ello una pomada, que normalmente ni es tan agradable ni calma tanto el ardor de las heridas como cuando esta siendo aplicada por ella.

Sonríe calida cuando termina.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Wild
Mutante Nivel 2


Cantidad de envíos : 26
Fecha de inscripción : 06/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Miér Ago 06, 2008 8:37 pm

Espera agazapado en las sombras de su "dormitorio", sentado en una esquina como un mendigo en una acera, siempre con el torso descubierto; esta vez por una buena razón: las heridas que todavía le escuecen en la espalda, mas otras que le habían hecho sus enemigos en la arena, antes de romperles el craneo. Desde aquel maldito día en que le trajeran a la chica gato todo había sido un ir y venir de discusiones con sus amos y castigos. Maldita sea su vida, había aprendido a evitarlos con los años y aquel asqueroso día tuvo que perder el control.

Para colmo de males sus facultades habían menguado más aún, y ya no sólo por el cansancio y el peso de los años como guerrero, sino por los castigos. Es difícil pelear bien cuando media hora antes te han acribillado a latigazos, como intentando domar a una bestia. A estas alturas pocos han aprendido que nadie puede domesticarlo, sino que él se domestica a sí mismo por necesidad. Y no siempre lo consigue.

Por fin le habían permitido un desahogo. Porque aunque tras aquel día se había jurado entre mudos rugidos de odio que no volvería a contratar los servicios de una mujer, algo en su despreciable lado humano las necesitaba. Junto al alcohol y la guerra, ellas eran su liberación. Una oscura liberación.

Tampoco sabía qué le traerían, ahora que los del Royal Lynx se mostraban tan reacios a enviarle chicas al gladiador. Bueno, tampoco le importa, mientras sepa hacer su trabajo.

Escucha el sonido de los campos electromagnéticos abiertos. Como si no los hubiera escuchado, permanece donde está, con la cabeza apoyada en la pared y los ojos en el techo, y bebe un trago de la botella de cerveza que degusta ese día. El color se le sube un poco más a las mejillas de pómulos altos, y consiguen calmar un poco al monstruo.

Escucha entonces el sonido susurrante y suave de una capa caer al suelo y, por inercia, contempla la mercancía que le han traído.

Supone en ese instante que su reacción es normal. Todos los malditos babosos como él, que hubiesen disfrutado ya de esos encantos, se habrán quedado igual de quietos, con los ojos estúpidamente fijos en la forma etérea, en las curvas dulces bajo la gasa, en la inocencia latente y la luz de aquellas alas. Así se queda él, con una expresión a medias atormentada y furibunda, a medias de fascinación, aunque su rostro siga tenso y sin asomo de sonrisa.

Recuerda que tiene la botella de cerveza apoyada en los labios, y con varios parpadeos bebe hasta acabársela del todo. La tira sin delicadeza hasta el otro extremo de la habitación, y no se rompe, sino que rueda con un potente sonido de vidrio que se estrella. Entonces se seca los labios con el dorso de la mano y se incorpora en toda su altura, acercándose a ella.

No se detiene, tampoco se muestra arrepentido por el evidente terror que despierta en ella, porque no es nada sorprendente. Sin embargo por una vez no se preocupa tanto de la furia que siente por aquella repugnancia, ya que lo interpreta así. Llega a su altura y ladea la cabeza, como un animal receloso y tenso. Una niña, le han enviado a una niña, asustada y temblorosa. La han lanzado como deshecho a los brazos de la Bestia. Las sonrisas no suelen ser habituales en él, pero está a punto de dibujar una de amargo sarcasmo, aunque no llega a hacerlo. Sin embargo no es esa la única sensación que tiene; aquella forma de cambiar el color de las alas le hace verla, de súbito, como una especie de criatura celestial; cuesta pensar que aquella chiquilla haya sido ya corrompida por el negocio de sus amos. Lleva una mano áspera y curtida a su rostro, terso, suave, demasiado distinto al suyo, y le alza la barbilla para contemplarla mejor con aquella expresión adusta y sombría. No puede evitar que su pulso se acelere, y por ello se odia a sí mismo un poco más. Por si no fuera ya lo bastante monstruo, también le excita una cría que no debe llegar a los veinte.

Entonces, ¿qué ve en esa mirada demasiado inocente para ser cierta? ¿Compasión?, ¿pena? No lo sabe, pero los años de desconfianza hacia el género femenino lo hacen interpretarlo como lástima, por aquella bestia demasiado horrible para vivir entre humanos. Aprieta los labios y la mano en su rostro tiembla. La aparta con brusquedad y se da la vuelta, dejándose caer sobre el diván y frotándose el cuello. Cierra con fuerza los ojos, las heridas le escuecen y el calor le hace sudar demasiado.


- Te pagaré cuando acabes - murmura con el matiz del tigre, en un susurro oscuro -, empieza cuando quieras.

Se dispone a beber otro trago de cerveza cuando se queda paralizado, al notar no el tacto cálido de sus manos o sus labios haciendo su trabajo, sino el escozor de una esponja con agua en sus heridas. De improviso deja escapar un grito que suena, de una manera impresionante, como el rugido de un tigre en acción. Se da la vuelta bruscamente y sujeta su muñeca con una mano. Demasiado violento, y aquel brazo es tan frágil, da la sensación de poder quebrarse tan fácilmente, que entre jadeos se obliga a relajarse. Aunque turbado y confuso por aquella extraña ayuda, la suelta con violencia y la deja hacer, sin dejar de beber. Encierra a medias su eterno odio y frunce el ceño, una expresión de sombría furia que no sabe hacia quién va dirigida.

Y se descubre relajándose, respirando con normalidad, aunque todavía con la eterna aura destructiva a su alrededor. Aquel roce es demasiado dulce, demasiado agradable. La mira de soslayo, clavando la vista en sus luminosos ojos ahora violetas, y el deseo regresa muy a su pesar. Se refleja con claridad en su mirada de zafiro intenso, brillando con un urgente anhelo. Sería muy fácil arrebatarle esa esponja, arrancarle la gasa y hacerla suya sin pensar. Sería sencillo degustar el sabor de esos labios y paladear la dulzura de esa piel, y el tacto de esas alas. Podría hacerlo...

Parpadea, más turbado aún, y aparta la mirada. Vuelve a beber con un gruñido bajo.


- No te pagan para esto, niña - se limita a gruñir.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Neidin



Cantidad de envíos : 28
Fecha de inscripción : 04/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Miér Ago 06, 2008 9:29 pm

Cualquier otra mujer hubiera salido huyendo ante aquel rugido, pero no ella, ella ve el grito agónico de una bestia herida, además ella siempre ha desconfiado de los hombres de aspecto elegante, escondían monstruos peores.

Y las mordeduras de látigo que luce su piel son prueba de esos monstruos.

Se atreve tras curarle con cierta timidez y algo de torpeza a acariciar su cabello y explorar su rostro con suaves caricias como si fuera un recién nacido explorando el mundo por primera vez.

Y se sonroja al darse cuenta que le esta observando con demasiado interés, dándose cuenta que es la primera vez que observa a alguien con aquella intensidad, ni siquiera se disculpa por el tono sonrojado de sus alas. Porque pese a la edad aun es atractivo se sonroja al darse cuenta que le esta observando con demasiado interés, dándose cuenta que es la primera vez que observa a alguien con aquella intensidad, ni siquiera se disculpa por el tono sonrojado de sus alas. Porque pese a la edad aun es un hombre atractivo o al menos a sus ojos lo es, y mas aquellos fieros ojos azules.

-Ni siquiera es a mí a quien pagan, es a mis amos.-

Y se retira con suavidad el pelo luciendo el collar plateado que la marca como esclava, ella no es libre para elegir clientes o para siquiera vivir, es como él, un animal enjaulado.

-Como tu, no tengo libertad.-

No dice mas, prefiere seguir tanteando con sus manos aquel rostro curtido en las arenas del coliseo, y que se entretienen demasiado en sus labios mientras las plumas de sus alas y su cabello adquieren una tonalidad rojiza como las llamas del hogar.

Aquella criatura es un libro abierto, todas sus emociones se reflejan en el colorido de su cabello, algo inconsciente por lo que parece.

-No entiendo porque tienes que pagar, cualquier mujer te desearía.-

Y no es un piropo vano y felino, es sincero, pues el deseo se refleja en sus ojos ahora verdes como dos esmeraldas, joyas de un mágico tesoro. Y con la torpeza casi de una virgen inexperta guía una de sus fuertes manos hacia su cintura, entreteniéndose antes en palparla y comprarla con la suya diminuta.

Y durante un instante le mira, mientras guía su mano hasta una de las marcas de látigo que cubren su cuerpo frágil.

-No seas como ellos.-suplica.

Aunque se arriesga y prueba sus labios, dulces pese al amargor de la cerveza, bebe despacio de ellos en un beso calido y dulce, sincero por la forma en la que su corazón late acelerado bajo su pecho, un beso que alarga y disfruta mientras enreda las manos en su pelo.

Y pese a todas las veces que había visitado lechos en sus años de esclava es la primera vez que siente aquel hormigueo en el estomago y aquel desbocamiento en su pecho.

Y también la primera vez que no tiene miedo…

Pues su instinto le dice que aquella bestia no va abatirla, esta vez la gacela venció al tigre.
[b]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Wild
Mutante Nivel 2


Cantidad de envíos : 26
Fecha de inscripción : 06/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Jue Ago 07, 2008 12:48 am

No se molesta cuando ella no le responde de inmediato, y sigue curando sus heridas. De hecho, lo prefiere así, no tener que hablar; aunque por otro lado en aquel silencio empieza a sentirse realmente inquieto, tal vez porque no se espera la súbita paz que intenta embargarle, una emoción que jamás ha conocido y que por lo tanto le asusta más de lo que pretende admitir. Sí, el Gran Gladiador tiene miedo de algo, y no es la muerte.

Por eso, aunque permanezca quieto con las manos entrelazadas y apoyadas en los muslos, se ve obligado a sujetárselas para evitar temblar, y no apartarla de sí de un violento empellón. Mantiene los ojos fijos en un punto lejano de la habitación. No es por el dolor de las heridas, sino por aquel roce dulce y gentil que le hiere más que cualquier látigo.

Pero lo peor está por llegar y en aquel momento no lo sabe. Sólo lo sabe cuando nota sus manos explorar su rostro, y se queda tan sorprendido por la suavidad de esa caricia que durante varios segundos sólo puede mirarla fijamente, aturdido, sin molestarse siquiera en apartarla. La sensación es demasiado chocante y nueva, el fuego abrasador de sus ojos azules parece templarse como si quisiera ronronear. Si alguien hubiese entrado en la habitación en aquel momento se le hubiera desencajado la mandíbula por la impresión, por ver al fiero e intratable tigre domesticado por la dulzura de un ángel, cuando ni todos los castigos del mundo han conseguido tal cosa.

"No entiendo porque tienes que pagar, cualquier mujer te desearía", aquella frase supera todos los niveles de aturdimiento posibles.

Observa una vez más el arco iris de colores que dibujan sus alas y su cabello, notando una corriente eléctrica de deseo tan intensa que se siente mareado. Nunca ha intentado negar que las mujeres le atraen y despiertan su pasión, pero aquellas ansias son demasiado poco naturales en él. Tal vez porque aunque su cerebro le diga que es imposible, siente su sinceridad, aunque le resulta más fácil creer que se trata de una maldita hechicera con aspecto de criatura divina, que de algún modo ha conseguido atraparle en su red de intrigas.

Nota su cercanía, su calidez, los destellos de deseo que aletean entre ambos atrapándolos en un vórtice succionador; lo nota todo cuando ella coloca su propia mano en su cintura. Se debate con tal fuerza contra su necesidad, y la terrible sensación de que está andando por un terreno desconocido tan sugestivo como aterrador, que jadea con fuerza. Los latidos de su corazón suenan tan fuertes que casi se escuchan, y eso generalmente no augura nada bueno: significa que la bestia necesita desatar su pasión y su fuego de algún modo, y en aquel momento la voz como miel de aquella chiquilla lo avivan como nunca lo ha hecho nada, ni siquiera el ardor del combate.

Recula. No puede evitar intentarlo cuando ella se acerca para besarle. Teme lo que puede estallar en él si lo hace. Y cuando por fin sus labios rozan los de ella constata que, en efecto, sus temores no son infundados.

No está preparado para esa suavidad, tan lenta y acariciadora que da la impresión de ser una olla en lenta ebullición, como si el aliento de aquel pequeño ángel fuese un cúmulo llamas que recorren su interior para fundirse con las suyas propias. Notando que le falla la respiración aferra sus brazos y la aparta con brusquedad, pero no para alejarla de sí, sino para contemplar su cara, y todas y cada una de las curvas que siente contra su propio cuerpo. Está perdiendo el control y lo sabe, y generalmente cede gustoso, pero en aquel momento siente pánico. Pánico por él mismo, por aquellas emociones liberadas, y pánico por sentir que está mancillando a aquel ser, aquella niña que bien podría ser su hija, con la putrefacción de la bestia.

También con excesiva lentitud, dos de sus dedos recorren su mejilla. Es como un terreno virgen y delicioso, como si nadie más lo hubiese degustado, como si aquellos ojos todavía no tuviesen dueño. Y no lo resiste más. La atrae hacia sí y pega con fuerza los labios contra los suyos. Y es tal su deseo que en ese momento no es satisfactorio, sino doloroso; algo tiene aquel angel que lo necesita, lo desea más de lo que necesita el alcohol para sobrevivir en su odiosa vida. Sus jadeos casi se convierten en gruñidos de agonía cuando la tumba sobre el diván, tanteando sus formas, notando un odio repentino hacia la gasa que oculta su cuerpo y que no tarda en arrancarle con los dientes apretados.

Bebe sediento de esos labios. Saborea el lóbulo de su oreja, besa su cuello y sus senos, enterrando unos segundos la cara entre ellos sin comprender a qué clase de magia maligna ha sido sometido. Pero es un pensamiento lejano, el anhelo puede más.

Tal vez fuese al rodear tembloroso su cintura, su menuda y delgada cintura, cuando parte de la cordura vuelve a él. Y la ve pequeña y frágil, demasiado delicada y vulnerable, capaz de sucumbir con violencia al vendaval del monstruo que es él. Abre los ojos de par en par y se aparta, levantándose tambaleante, haciendo ademanes violentos como queriendo espantar algún tipo de ilusión. Mientras lo hace, ruge como el tigre que es:


- ¡¡NO!! - está a punto de caer, pero se apoya con tal fuerza en una mesa cercana que se escucha el crujir de la madera medio desmenuzada. Sigue jadeando, el dolor del maldito y asqueroso deseo sigue allí, el deseo de poseer a la única criatura hermosa y sobrenatural que lo ve tras la máscara de la Bestia. Demasiado gozoso para ser verdad. Baja la cabeza y se tapa la cara con una mano temblorosa, intentando serenarse. Su voz suena amortiguada y oscura cuando añade: - Vete... vete de aquí... mis amos te pagarán.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Neidin



Cantidad de envíos : 28
Fecha de inscripción : 04/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Jue Ago 07, 2008 1:36 am

Tarda en darse cuenta que se ha apartado y no es hasta el gruñido cuando consigue recomponerse y volver a la realidad, porque por primera vez unas caricias le estaban resultando placenteras. Hasta el punto de que se estremeciendo como un junco mecido por el viento.

Y su rechazo la golpea de pronto como un mazazo volviendo su plumaje y su cabello grises, como si su fuego se hubiese consumido y ahora no quedase nada más que cenizas.

Y cualquier otra hubiera huido antes de que el tigre acorralado destrozara su Garganta de un zarpazo, cualquier otra, pero no ella, no teme su fiereza ni sus gruñidos, sabe que no le hará daño.

Se acerca despacio, envolviéndose con la capa de viaje.

-¿Estas bien?-

Pregunta estupida, claro que no esta bien, pero tampoco comprende que le ocurre. Pese a la vida de esclava su mente es inocente y pura, y nunca ve lo peor del ser humano. Recrimina con la mirada a un leve gruñido de advertencia de Atlas, pero no necesita su protección no esta vez.

Con suavidad recorre su espalda, en una caricia reconfortante y calida. En aquellos instantes le importaba él, nadie más. Parecía mentira pero por un instante eterno había olvidado lo que era y quien era, una esclava.

El le había hecho sentir de nuevo como la chica que era, joven y pura, descubriendo cientos de sensaciones placenteras, y estaba disfrutando. Porque por muy salvaje que fuera había sido una mano delicada la que había explorada con ansia su cuerpo, la misma ansia con la que ella había explorado el cuerpo del gladiador.

Quería más, pero no ahora, no viendo como el alma del tigre se desangraba ante ella.

-¿Dime que te ocurre?-

Y la gacela es estupida pero allí esta, esperando a ser devorada mientras intenta sanar las heridas del tigre. Pero ella es axial, una mutante de talentos inútiles con un corazón noble y un talento nato para curar heridas, tanto físicas como las del alma.

Y con timidez le acaricia el rostro, deseando rodearle con sus frágiles brazos ofreciéndole un consuelo alejado de la lujuria y lleno de ternura. Es tan calida como el suave sol de primavera.

Y no se aleja de él, no huye espantada temiendo sucumbir entre sus garras, tal y como debería, tal y como harían todas, pero no puede evitar ser diferente, ella es así.

Y en un torpe e inocente intento de consuelo susurra.

-Estabas consiguiendo que sintiera mariposas aquí.-dice colocándose la mano en el vientre.
Y su voz es sincera, y su expresión preocupada, es un jodido libro abierto que no puede ocultar nada de lo que siente.

Y no quiere irse, no quiere apartarse tan pronto de aquel gladiador que le había tratado con dulzura, que no ha marcado su piel con el látigo, que le había prodigado dulces caricias.

No, no quiere apartarse de él, quiere sentirse de nuevo como una diosa y no como una esclava.

Se alza de puntilla y se atreve a besar tierna su mejilla.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Wild
Mutante Nivel 2


Cantidad de envíos : 26
Fecha de inscripción : 06/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Jue Ago 07, 2008 6:16 pm

Qué se vaya. Que se vaya de una puta vez. Lo desea una y otra vez jadeando como si estuviese encerrado en un lugar demasiado pequeño y caluroso, y sin poder tranquilizar su corazón, que con cada acelerado latido le recuerda lo que pudo haber tenido pero ha rechazado. No se da la vuelta ni deja de apoyarse en la mesa; tiembla bajo su peso y la fuerza del izquierdo.

Conoce demasiado esa sensación, la necesidad de liberar a la bestia; aquello algunos lo llaman don, para él es una maldición que le impide racionalizar. Tiene que sentirse vivo, el espíritu del tigre ruge deseando desatarse, y en aquel momento le urge con sus rugidos a terminar lo que acaba de empezar.

Y siente auténticos deseos de ceder otra vez cuando la nota acercarse, aunque se niega a mirarla por si vuelve a caer de nuevo presa del hechizo. La ternura de su mano en su robusta espalda le abrasa la piel y al mismo tiempo se desliza como gotas de agua. Aquella voz que se preocupa por él, con un tono demasiado inocente y sincero, la siente como un bálsamo, y le hace pensar en manantiales de agua que en un mundo como aquel son insólitos, o en una cesta de manzanas rojas y jugosas en un bosque virgen que nadie ha explorado. Porque esa es la sensación que tiene con ese pequeño ángel, que ha sido profanado pero no degustado.

Siente un intenso acceso de ira, y con demasiada brusquedad mueve el brazo y se aleja otra vez de ella a zancadas, huyendo de ese roce como si fuese algo más terrible que cientos de látigos arrancándole la piel. Allí está, pensando igual que todos esos asquerosos pederastas, pensando en lo que debe sentirse al disfrutar del sabor de esa criatura. Llamarse monstruo empieza a parecerle poco.


- Vete - repite con voz cavernosa, más serena esta vez, aunque no demasiado. Se había acabado acercando a la ventana arqueada, en la que apenas entra una débil luz artificial. Se refleja en su rostro moreno y trabajado como un brillo espectral, sombrío por la sombra de los barrotes. Clava la vista en el exterior con el codo apoyado en el alfeizar, sus ojos azul zafiro brillan en la oscuridad. El efecto es impresionante, es realmente un felino enjaulado que muere de tedio por el paso de los años y la esclavitud, sin gozar nunca de auténtica libertad - No me ocurre nada. Me he aburrido, eso es todo - reprime un suspiro tembloroso - Pero tranquila, niña, no te quedarás sin cobrar, es lo justo.

Miente descaradamente. Tal vez no se le note en la voz, pero sí se nota cuando vuelve a sentirla cerca, cuando vuelve a tantear el tacto de la piel de su vientre, la caricia en su rostro. ¿Cuándo ha vuelto a mirarla a los ojos, a ahogarse en esa mirada que le despierta algo a lo que ninguna mujer ha llegado nunca? ¿Por qué siente su pecho como nieve derretida al sol? Está simplemente atónito, demasiado aturdido; no concibe que aquel ser realmente le desee y realmente necesite más de él, una parte de su desconfianza se dice que tiene que ser algún truco.

El beso en la mejilla es como una flecha de miel que le hace sangrar. La aferra por las muñecas; hace amago de lanzarla lejos de él, con violencia, pero se contiene con los dientes apretados y la madíbula tensa. La contempla. Qué pequeña parece, podría ahogarla entre sus brazos si se atreviera a abrazarla.


- Eres una cría - dice al fin, como si eso lo aclarase todo. También parece que intenta convencerse a sí mismo de ello, aunque su mirada cada vez más intensa y cargada de fuego deja claro que su deseo está volviendo a tomar el control, poco a poco.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Neidin



Cantidad de envíos : 28
Fecha de inscripción : 04/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Jue Ago 07, 2008 7:02 pm

-Lo lamento…-Aunque mas parece decir “Yo me lo estaba pasando bien”.

Debería aprovechar y marcharse, alejarse de las fauces del tigre antes de que este la devore, pero no puede, hay algo en sus ojos que la tiene atrapada como si fuera una mariposa en una telaraña.

Se estremece cuando la aferra de las muñecas, pero no es miedo lo que siente su cuerpo si no deseo. Sus alas vuelven a volverse dos rubíes incandescentes cuando los ojos color zafiro de aquel poderoso felino se clavan en los suyos. Su corazón va a escapar de su pecho, mientras se debate entre huir y quedarse, y la cadena que le ata a el es mas fuerte que ella.

-No soy yo quien recibe el dinero. Ese dinero lo único que va a hacer es salvarme de una paliza de mis amos, aunque de los golpes es de lo que nunca me libro, si no me los dan los amos me lo dan los clientes.-

Se muerde el labio, debatiéndose entre la sed que tiene de beber de su boca y el deseo de acurrucarse contra su pecho y relajarse con el calor del gran felino. Ella no se para a pensar en que aquel hombre podía ser su padre y que casi le triplica la edad, lo normal es que la destrozaran hombres que podían ser sus abuelos.

-No soy una cría, tengo dieciocho.-y de la forma pueril que lo dice como enfadada a medias suena totalmente infantil quitándole pero al argumento.-Además ninguna quería venir, desde lo que hiciste con mina te tienen miedo.-

Le observa con un fulgor envalentonado en la mirada.

-Pero yo no.-y su voz suena firme, reafirmando sus palabras.

Comienza a besar calida su cuello, no porque deba hacerlo si no porque deseaba hacerlo y se nota por la calidez, la lentitud y el deleite con lo que lo esta haciendo, como si quisiera saborear sus piel.

Y se atreve a acercarse mas has que su piel se pega al sencillo pantalón de Wild, se estremece al sentir su cuerpo tan cerca y la sangre del pequeño ángel parece que va a hervir.

-Se que no me harás daño…-susurra en su oído, con aquel tono tan sereno.-Quiero ser tuya…-

Y vuelve a besar su cuello mientras sus manos con habilidad desabrochan su pantalón y lo dejan caer el suelo, observando en aquel instante su anatomía vestida de cielo con curiosidad más que lascivia, acariciando algunas cicatrices que la prenda cubría.

Y sus besos descienden hasta más allá de su vientre, arrodillándose para beber de su placer, disfrutando por primera vez de dar placer a alguien.

Pues algo tiene el hombre tigre que le hace diferente a todos los clientes, tal vez sean sus ojos zafiros, el miedo a destrozarla que se lee en ellos o la esencia animal lo que tanto la atrae, pero de verdad le gusta.

Y se nota porque aunque sus caricias no son tan melosas y eficaces como las de las chicas gato las suyas son más inocentes, dulces y divertidas, como si se estuviese tomando descubrir su cuerpo como un juego.

Pues aunque ha visto cientos de hombres es la primera vez que disfruta de uno, que se permite seguir su instinto y no ordenes, que se siente libre y se olvida de lo que es. Y como la chiquilla traviesa que es juega a llevarle a los limites del placer sin dejarle traspasarlos, deteniéndose y buscando sus labios con ansía.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Wild
Mutante Nivel 2


Cantidad de envíos : 26
Fecha de inscripción : 06/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Jue Ago 07, 2008 8:22 pm

No le replica por sus palabras. Al fin y al cabo lo del dinero es una excusa, y lo sabe, una vana excusa, que enarbola débilmente para obligarla a marcharse y para mantener el precario autocontrol sobre sí mismo. Y de todos modos sólo la escucha a medias; está más pendiente al sonido y el tono de su voz que a sus palabras, al igual que no ve dos pupilas, sino un océano de colores en esos ojos, y una promesa de alcanzar el paraíso. El tigre ruge con ansia.

Aprieta los labios, que tiemblan, y aferra todavía más sus muñecas. Realmente, por mucho que imponga no le hace daño, quizá por un exceso de prudencia; le incomoda sujetar esas muñecas frágiles con sus manos, encallecidas por los combates y manchadas de sangre durante años de batallas, la única vida que ha conocido. Intenta alejarla, y lo hace, pero sólo un poco más; no llega a apartarla ni a apartarse él. ¿Qué maldito influjo le obliga a seguir sujetándola?

¿Mina? Debe de ser esa asquerosa arpía con aires de gata traviesa. Siente una curiosa mezcla en su estómago, como si le cayera una pesada piedra al recordar lo que le hizo, pero esa misma piedra estallase en llamas de ira que, no obstante, no son tan poderosas como las del deseo.

¿Que no le tiene miedo? Le exaspera la actitud de esa niña. ¿Por qué cojones se lo tiene que poner tan difícil?


- Pues deberías tenerlo - prueba con una táctica diferente, volviendo a acercarla para que no pierda detalle de la fiereza de sus ojos. Su voz es un poco más gutural esta vez, aunque, maldita sea, sigue sin poder ocultar del todo el anhelo - ¿No temes que te haga lo mismo? No sólo podría ser tu padre, también podría ser tu verdugo.

Realmente es más iluso de lo que creía. ¿Qué se espera?, ¿ver miedo, de nuevo temor en esa mirada, otra vez el color oscuro en su cabello y sus alas? Desde luego se esperaba algo así; lo más sencillo en alguien como él es provocar temor, y no deseo. Por eso se queda paralizado cuando ella se acerca y besa su cuello.

Pierde la noción de todas las cosas y la capacidad para luchar o rebatirla. Pierde incluso la capacidad de ver o escuchar, sumergido de repente en una neblina en la que sólo cabe el deseo, tan intenso que lo atraviesa. No puede evitar cerrar los ojos y ladear la cabeza, jadeando y acompasando esos suspiros a los latidos como tambores en su corazón. Aquel aliento cálido en su oído es como ácido sobre su cordura y su capacidad para pensar con lógica y sensatez, y esta vez no tiene ganas de luchar contra él.

Nota caer su pantalón. El fiero tigre, el alto y fornido Wild, se siente de repente como esclavo de un pequeño y frágil ángel, y sólo puede dejarla hacer mientras se apoya en la mesa y crispa sobre ella los dedos, echando hacia atrás la cabeza para clavar los ojos en el techo. No lo ve, no ve nada, las oleadas de placer son tan intensas que sólo puede dejar escapar jadeos que empiezan a sonar como suaves rugidos de deleite. Siente que su cuerpo es un territorio que está siendo explorado, y por una vez esa exploración no implica repugnancia o temor.

Cierra con fuerza los ojos y aprieta los dientes. Sabe que el éxtasis está tras una puerta a la que se va acercando, pero se queda entreabierta, volviendo a alejarse. Y en aquel momento ya no piensa. "Hazme tuya", es lo único que comprende de todo lo que ella acaba de decirle, y lo recibe como una petición vital. Debe hacerlo, es urgente que lo haga.

La observa desde arriba y acaricia su cabello con una mano temblorosa, ansiosa, antes de arrodillarse y estrecharla en un apasionado abrazo en el que recorre su cintura. La besa, ya sin pensar en consecuencias, en posibles motivos éticos o en amargura; sólo es consciente del ardor, del estallido de llamas de todos y cada uno de sus músculos.

Saborea cada parte de su cuerpo, con las manos y los labios, roza su cuello con suaves mordiscos en los que su aliento parece fuego. En un pensamiento lejano, se le ocurre pensar que muy pocos la habrán disfrutado de ese modo, tanteando todas sus curvas como si fuese una criatura divina y no una esclava o una simple puta. Y seguramente nadie la habría mirado a los ojos al profanar su interior con violencia, aunque él lo hace con furiosas acometidas que en contraste también son suaves, casi gentiles, sin parpadear ni un sólo momento y sin dejar de abrazar ese pequeño cuerpo.

No sabe cuántas horas pasan cuando por fin alcanza, agotado, las puertas del Cielo, con los labios pegados a los suyos y entre sus propios gritos y los de ella. Y en vez de apartarse, lo que hubiese hecho con cualquier otra esclava para pagarle y echarla sin contemplaciones, cierra los ojos y entierra la cara en su cuello y su pelo, respirando su aroma. Lucha contra el sueño, en su delirio tiene la sensación de estar viviendo en alguna clase de ilusión y no quiere que se desvanezca.

Un hilo de su cordura se restablece, sólo para advertirle que es posible que ella se muestre ahora como la arpía que debería ser, riéndose de su disfrute y del control que ha tenido sobre él hasta ahora, exigiéndole el dinero para largarse de allí y no tener que tratar más con un viejo baboso o un monstruo asqueroso. No le sorprendería en absoluto que eso ocurriera, y es lo que espera escuchar a continuación.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Neidin



Cantidad de envíos : 28
Fecha de inscripción : 04/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Jue Ago 07, 2008 9:14 pm

Y estalla arañándole con suavidad la espalda mientras su placer es ahogado por sus labios. Y ella tampoco se separa, se acurruca contra él agotada, sintiéndose terriblemente segura entre aquello poderosos brazos que la envuelven con una calidez desconocida para ella.

No dice nada, no quiere romper el mágico silencio que los envuelve ahora. Se deja caer a su lado y ronronea de agotamiento y placer, apoyando la cabeza sobre su pecho mientras explora delicada las cicatrices de su cuerpo.

Mientras sus alas vuelven a ser blanca y su cabello castaño, el color que suele tener cuando reposa y se encuentra relajada. No quiere moverse y tampoco tiene intención. Sigue respirando agitada intentando que su corazón vuelva a la normalidad.

Como una bestia podía ser tan delicada, ningún otro hombre se había preocupado en honrar su cuerpo como si fuera una diosa y su alimento el placer.

-Ojala el tiempo no pasara y pudiera quedarme aquí a tu lado siempre.- dice con los ojos iluminados como si fuera una simple colegiala que ha cumplido su fantasía con un profesor, porque en cierto modo su maestro ha sido mostrándole que en la intimidad podía haber placer y no dolor.

Y se estremece sabiendo que pronto vendrán para devolverla al infierno, pues era Persefone escapada durante unas horas del reino de Hades para devolver la primavera al corazón de un mortal, aunque sin darse cuenta es ella la que ha florecido descubriendo un jardín secreto y lleno de luz en aquel curtido perro de guerra.

Busca sus labios una vez mas, bebiendo con calma como si quisiera memorizar aquel sabor, haciéndolo suyo en su memoria, alarga el beso hasta que se queda sin respiración separándose a regañadientes de los labios de su gladiador.

-Volveré a verte, y seré tuya sin que debas pagar por mi, me dejan salir sola en mi tiempo libre.-

Y no es una promesa vana de una niña zalamera, si no una declaración de intenciones de un ángel de ojos brillantes que ha descubierto algo que fortalece su luz y del que le cuesta separarse. Volverá siempre que pueda y esta vez para entregarse a él libremente y sin que intervenga la voluntad de sus amos.

Sin darse cuenta esta incumpliendo la primera norma de cualquier meretriz, no enamorarse, pues para ella ya es tarde. Porque aunque intente negárselo aquellos ojos azules la han atado al tigre con una poderosa cadena de la que no quiere soltarse…

Porque ve al hombre tras la bestia, un hombre herido, solo y atormentado, un animal que debía ser libre y que sin embargo esta encadenado. Y aun así ve nobleza en aquel oscuro corazón que tantas vidas había quitado en la arena.

Se adormila sobre su pecho y cuando se encuentra en aquel perfecto estado de paz su guardián abre la puerta.
-Neidin, debemos marcharnos.-dice con sorprendente dulzura para referirse a una esclava, pero aquel matón de la mafia sabe que aquella chiquilla es todo bondad y nunca le había dado problemas en sus salidas. Ni siquiera aquel día.

Los miembros de una banda rival que intentaba hacerse control de la mafia le habían asaltado para robarle el dinero, eran muchos y el uno solo. Le dieron una buena paliza y una puñalada en el costado y si no llega a ser porque ella en vez de huir consiguió frenar la hemorragia ahora estaría muerto. Le debía la vida y por aquel gesto nunca la trataría como a una esclava.

La chica se levanta y se cubre con la capa de viaje, su cabello y sus alas se vuelven grises ante la noticia de la obligada marcha. Vuelve hasta el lecho y se inclina sobre él depositando un fugaz y suave beso en sus labios.

-Vendré ha verte.-susurra en su oído.

Después sale de la habitación acompañada del silencioso jaguar que ahora se roza contra la pierna de la chica, buscando una caricia dulce que por supuesto recibe.

Solo queda en la habitación el mafioso custodio de la chica que se queda para recibir el pago por sus servicios.

-¿Ha sido de su agrado?-
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Wild
Mutante Nivel 2


Cantidad de envíos : 26
Fecha de inscripción : 06/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Vie Ago 08, 2008 12:34 am

¿Qué experimenta esos minutos, en los que parece detenerse el tiempo? ¿Qué siente cuando entra en un estado en el que no es ninguna bestia que siente el paso de los años con demasiada rapidez, sino un hombre capaz de creer en la eternidad? Ni siquiera piensa todo eso con palabras; de haberlo hecho hubiese llegado a la conclusión de que otro había ocupado su cuerpo.

Rara vez había experimentado sobrio la impresión de estar flotando, en una especie de limbo demasiado irreal, demasiado extraño como para poder asimilarlo del todo. "¿Qué estoy haciendo?", no es un reproche, sino una pregunta sincera. ¿De verdad está insólitamente calmado, abrazando con un brazo demasiado mecanizado por los implantes una cintura suave y agradable? ¿De verdad aquella criatura está cómoda en su presencia, no se asusta y está diciendo esas palabras? ¿De verdad por primera vez siente que su cuerpo no es un cúmulo de huesos y músculos deformados por la bestia, sino algo capaz de proteger y envolver?

¿De verdad siente algo parecido a la paz?

En ningún momento habla. De hecho, no vuelve a dirigirle la palabra en el escaso tiempo que tienen antes de separarse, porque está demasiado aturdido y su cerebro aún no comprende del todo las emociones y sentimientos experimentados en aquellas nebulosas horas, en las que todo había desaparecido. Sólo puede parpadear, incorporarse a medias ayudado por los codos y dejar que le bese, devolviéndoselo a medias con torpeza. Luego sigue su recorrido con la mirada, la gama de colores que pasan por sus alas y su cabello hasta el gris y su cuerpo níveo. ¿Cómo es posible que después de lo sucedido en aquella habitación siga pareciendo pura, inmaculada?

Otro motivo por el que sus amos y sus compañeros de "trabajo" abrirían los ojos de par en par: ver al tigre manso como un gatito y mirando a una mujer sin lujuria, desconfianza y odio, los tres sentimientos que sus ojos de zafiro suelen mostrarles.

La llegada del escolta es quizá lo que le hace volver en sí. Recupera un gesto algo sombrío, meditabundo, y se levanta sin pudor para recoger sus pantalones y ponérselos. Se instala en su curtido semblante una sombra, más meditabundo que taciturno. Pero cuando el escolta entra por fin y saluda a la muchacha, se gira sólo un poco para mirarlos. Él se dispone a sonreír con fría cortesía, pero ese gesto vacila con una mirada de miedo, y está a punto de recular.

Wild entiende por qué y se maldice por ello; por algún motivo no le sienta bien esa familiaridad, siente una punzada de ira y una sensación ardorosa que no conoce, y que algunos llamarían celos. A una parte de él no le gusta que otros disfruten de esa dulzura, que posean con ese pequeño ángel un vínculo. Mientras se abrocha los pantalones y contempla al escolta siente una sensación apasionada que hace que el tigre enseñe los dientes y se afile las uñas: quiere protegerla, quiere ser él quien lo haga, algo le dice que nadie más puede hacerlo.

Y esos pensamientos se habían reflejado durante una facción en su mirada, mostrando un rostro fiero, amenazador, demasiado acechante. Por suerte el efecto no dura mucho y el observado puede carraspear y relajarse.

Menuda estupidez, probablemente sólo se sienta así porque es la primera mujer que lo trata con un deseo sincero y desinteresado. ¿Por qué coño tiene que actuar como un adolescente enamoradizo con una cría, cuando ya roza los cincuenta? Coge una de sus holgadas y desgastadas camisas para ponérsela, como si nada más le interesara, pero sus ojos se cruzan con los de ella antes de que se marche con su guardián de cuatro patas. Se queda contemplando estúpidamente el lugar por el que se ha marchado, sin escuchar la pregunta del mafioso hasta que vuelve a repetirla. Entonces lo mira sin verlo, hasta que de una vez su mente y sus ojos vuelven a estar sincronizados, y no en lugares diferentes.


- Sí... - responde tardío, con una voz más amarga de lo normal. Siente una desazón que roza el rencor. Ella ha prometido volver, volver porque lo desea, pero mientras coge sombrío el saco con monedas para pagarle piensa que seguramente se ha llenado la boca con esas palabras y no piensa cumplirlo. ¿Y qué más da, se dice? Mejor no volver a verla, mejor no volver a sentirse como un baboso pederasta, aunque sus sentidos le griten que no es eso lo que ha experimentado al tenerla entre sus brazos. Vuelve hasta el hombre con su rostro tenso y sin sonrisa alguna y le pone con fuerza el saco entre las manos - Lo acordado.

Cuando por fin se queda solo se deja caer sobre el diván, agotado, enterrando la cara entre los brazos cruzados sobre ella. Quiere descansar, quiere concentrarse en su siguiente combate en la Arena para no tener que pensar en nada más.

Pero se descubre pensando en unas alas y unos ojos de todos los colores y ninguno, deseando con demasiado fervor volver a verlos, antes de que el sueño le atrape del todo y en ellos el ángel también le visite.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Neidin



Cantidad de envíos : 28
Fecha de inscripción : 04/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Vie Ago 08, 2008 1:59 pm

Había tardado un par de días en decidirse a subir al coliseo, un par días en los que se arrepentía en el último momento pensando que The Wild tenía cosas mejores que hacer que pasar su tiempo con una simple prostituta que se había enamorado de él.

Porque ya había aceptado que sentía algo por aquel hombre, ya que no podía apartar sus ojos de sus pensamientos y acababa recordando lo que sintió en sus brazos para hacer mas llevadero el trato de los clientes.

Por suerte en las horas libres en las que no trabajaba la dejaban salir sin escolta, era un privilegio que se había ganado por su buen comportamiento y su fidelidad a los amos, pues en las veces que por algún ataque a su escolta había tenido la oportunidad de huir no lo había hecho si no que se había quedado a ofrecerle ayuda.

Además no la trataban tan mal, tenia comida y cama y era muy raro que sufriera un castigo. Había muchas esclavas en peores condiciones que ella y por eso se consideraba afortunada. Lo peor eran los clientes y a esos ya se había acostumbrado.

En cierto modo era la niña mimada del casino, tanto por su juventud como por la dulzura que repartía a todos, no se quejaba, sonreía a todo el mundo, le echaba una mano a los trabajadores cuando la necesitaban, curaba a los miembros de la mafia cuando estaban heridos…

Pero esos privilegios le habían procurado el desprecio de sus compañeras, tenían celos de lo que conseguía aquella mocosa con una sonrisa. Aunque las mujeres felinas intentaban escapar cuando tenían la oportunidad y su amabilidad siempre era fingida.

Y gracias a ser una chica buena estaba allí, luciendo sus pequeñas alas que sobresalían de una sudadera negra con capucha, unos vaqueros resaltaban su figura y unas deportivas completaban su atuendo. Solo el collar de plata recordaba que era una esclava porque por lo demás lucia con el aspecto desenfadado y juvenil de cualquier chica de su edad.

Con una sonrisa la dejaron pasar, y recorrió los pasillos acompañada de Atlas, la mejor escolta posible.

-Espera aquí.-contesto el vigilante de Wild.-Los amos están con él.-

Se sentó en el suelo a esperar, apoyando el paquete con Sushi en su regazo. Marcas el cocinero le había ayudado a prepararlo mientras intentaba sonsacar a la chica información sobre su cita, aunque no le dio muchos datos, por ahora él era su pequeño secreto.

Sus alas se volvieron de golpe negras al escuchar aquel grito animal, salía de la habitación de Wild y fue el primero de muchos, que helaron su sangre y hacían que se encogiera sobre si misma. No hacía falta ser un genio para saber lo que estaba ocurriendo dentro de la habitación del gladiador.

Tardaron más o menos una hora en salir y cuando lo hicieron el látigo que portaban aquellos dos hombres de expresión fría apestaba a sangre.
-Ya puedes pasar, aunque yo no te lo recomendaría, ahora mismo es muy peligroso.-

Pero ignora la advertencia del vigilante y se encierra en la jaula del tigre, el campo magnético vuelve a alzarse evitando cualquier vía de escape.

-¿Wild?-

Pregunta con un hilo de voz, pero no por el miedo si no por la preocupación que siente por aquel hombre de ojos color zafiro. Y lo percibe aovillado en la parte sombría de la habitación. Parece fiero, como lo parece cualquier animal herido intentando alejar así a nuevos enemigos que le provoquen nuevas heridas.

Debería tener miedo, pero no lo hace, no puede tenerlo de alguien que ha sufrido lo que tantas veces ha sufrido ella.

Y sin dudarlo toma un vaso de agua y se lo ofrece, sabiendo que en momentos así es un gran consuelo para un cuerpo que arde de dolor. Después le acaricia el rostro con dulzura.

-Te dije que volvería.-Le susurra.

Y le sonríe con una de esas sonrisas que trasmiten la sensación de que todo saldría bien aunque a tu alrededor se estuviera produciendo un nuevo Apocalipsis.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Wild
Mutante Nivel 2


Cantidad de envíos : 26
Fecha de inscripción : 06/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Vie Ago 08, 2008 6:00 pm

Es extraño. Lleva ya más de treinta años, sin poder recordar el año exacto, al servicio del Coliseo. No es la primera vez, ni será la última, que experimenta un castigo similar, pero aquel día le parece insoportable.

Insoportable por los motivos del castigo: hoy ha estado a punto de morir en la Arena; un maldito fallo en su percepción y una fea herida en el costado; el olor de su propia sangre y la visión de aquellos tres gladiadores cercándole, con el silbido de sus mazas rompiendo el aire, le habían hecho despertar al berserker.

Y luego había llegado la sensación de shock: el cansancio, el ardor de unos músculos que han soportado demasiado durante demasiado tiempo y no le han permitido desatar del todo a la bestia. En un minuto había caído sobre una rodilla en el suelo para regresar a su estado humano, en el que de tan agotado que estaba no había podido ni moverse durante varios segundos que se le hicieron una eternidad. Se convenció de que el fin de su espantosa vida había llegado ya.

Suerte que el deseo de sobrevivir, aunque fuese para seguir viviendo como un perro de guerra al servicio de otros, le habían hecho reaccionar a tiempo para destrozarles el cráneo con sus armas. El público había enloquecido, pero sus amos no reían. Y en lugar de dejarle reposar tras desinfectar y vendar la herida, le habían aplicado directamente su castigo.


- ¡No te hemos regalado tantos privilegios para que nos falles en el último momento, maldita sea!

Eso es lo que gritaban entre latigazo y latigazo, no obteniendo más de él que gruñidos y jadeos de dolor, hasta que ciertos golpes habían desgarrado su piel hasta tal extremo que no pudo evitar alaridos como rugidos. Cerraba con fuerza los puños, encadenados en lo alto de unos grilletes que cuelgan del techo, apretando los dientes cabizbajo, para que el húmedo y negro cabello ondulado le tapase en parte su expresión. Atrás queda el orgullo de su juventud, porque a base de bien había aprendido que resistirse sólo generaba más dolor y ya estaba harto de sentirlo. De modo que permanece callado, sin réplica, sin sonrisas y sin una sola mirada para no revelar el brillo de odio de sus zafiros, porque quiere vivir.

Y es extraño, ese deseo es ahora más intenso que nunca. Quiere vivir, lo piensa cuando le sueltan y le dejan apaleado en una esquina, dejándole temblar y encerrarse en sí mismo como un felino herido que desea romper todas las barreras, pero sabe que no puede. Quiere vivir, porque necesita volver a ver esos ojos.

Esos ojos azules, verdes, grises, negros, castaños, que lo habían mirado cuando creía que iba a morir en la Arena, que lo atravesaban con cada latigazo, inundando de un frío consuelo su mente. Empezaba a considerarlo una maldición, no poder sacarse de la cabeza a esa niña; al principio había creído que con el tiempo el recuerdo se esfumaría, pero cuando había pasado el primer día un hormigueo de desesperación había empezado a crecer en su interior, y al segundo día la amargura era tan grande que ni la deshinibición del alcohol lo había calmado del todo, ni el destrozo de un garito que le había valido otro castigo, aunque no tan poderoso como éste.

Respira con los ojos fuertemente cerrados, abriendo y cerrando las manos como si quisiera aferrar una botella. Siente en la oscuridad que alguien más entra, ¿es que los castigos no se han terminado todavía?

Esa voz que pronuncia su nombre...

Ladea un poco la cabeza y entreabre los ojos, que oscurecidos por la escasa luz se clavan en el ángel que acaba de hacer acto de presencia. Y no reacciona; sólo puede mirarla, convencido de que su estado físico y mental le habían hecho materializar sus anhelos más profundos, en una cruel ilusión. Sigue su recorrido, demasiado aturdido y taciturno, como si hablar no estuviese hecho para él. Tampoco se mueve un ápice cuando ella le ofrece el vaso de agua y él lo coge, sin saber qué está sujetando. Y tampoco recula cuando la mano de ella va a su rostro, hasta que siente su contacto y da el respingo de un tigre que no sabe cómo reaccionar ante la posible amenaza, y tiene miedo de sí mismo y de lo que siente con ese roce.


- No deberías haber vuelto, nunca más...

Su voz es cavernosa y peligrosa, también demasiado amarga. Como si aquel acto reflejo lo hubiese resucitado, se endereza como puede, sin alejarse, las comisuras de los labios temblando de odio contenido. Mira a todas partes acechando posibles trampas, antes de beber un sorbo de agua que le resulta insuficiente. Baja la cabeza, notando que pierde el control.

- Alcohol... en la cómoda, hay un cajón oculto debajo del primero... - murmura, y al no obtener respuesta aferra su pelo y el baso estalla en miles de fragmentos cuando lo aferra con demasiada fuerza. La mira con los ojos desorbitados, adelantándose y aferrándola por una muñeca, tal vez con demasiada fuerza - ¡¡RÁPIDO!! - una parte de sí lloraría de haber podido. Está destrozando en cuestión de segundos la posible dulzura y el deseo que aquel ángel experimentara hacia él, en aquella noche que aún le parece un sueño. La Bestia la contempla en todo su oscuro esplendor, y no puede esperar otra reacción en ella que no sea el terror.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Neidin



Cantidad de envíos : 28
Fecha de inscripción : 04/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Sáb Ago 09, 2008 5:46 pm

Pero por extraño que parezca el ángel no siente temor hacia el tigre, ni siquiera cuando ruge o brama debido a sus heridas. Aquella chiquilla se ha visto en se ha visto en situaciones peores y sabe como reaccionar.

Con rapidez encuentra la botella de whisky en la cómoda y se la da. No le juzga. Cada uno soporto como medianamente puede la esclavitud. Además el efecto sedante del alcohol calmara un poco el dolor de sus heridas, que por supuesto son demasiadas.

Eso si la desborda, esta destrozado y ella no tiene los medios necesarios para curarle como es debido. Se muerde las uñas nerviosa, paseándose por la habitación como si ella fuera la fiera enjaulada, mientras su mente repasa a toda velocidad todo lo que se le ocurre hacer para curarle con los medios que tiene.

Al final se acerca a la cortina que oculta la enorme bañera y la aparta con brusquedad, remangándose abre el grifo y deja que se llene de agua tibia. Una vez se ha llenado le toma del brazo y le ayuda a meterse en la bañera.

-Esto te aliviara un poco.-

Y comienza a limpiar con suavidad y con la ayuda de una esponja su cuerpo magullado. Se deleita dibujando las formas de su cuerpo musculoso y curtido sin poderlo evitar, mientras intenta controlar los latidos de su corazón con solo estar a su lado.

Sin poder evitarlo su cabello ha vuelto a volverse rojo al igual que el plumaje de sus alas. Solo su rostro parece calmado, que con una serena sonrisa atiende al viejo gladiador.

Entonces limpia su rostro, con delicadeza y no puede contenerse más.

Se inclina sobre él y devora sus labios olvidando por un instante que esta herido y magullado, lo hace con intensidad, desatando el fuego que había estado conteniendo. Alarga la caricia hasta quedarse sin respiración.

-Yo lo siento…no debía.-dice bajando la mirada cuando se aparta.

Y continúa limpiando su cuerpo con dulzura, aunque no puede evitar su sonrojo.

Le desea y es un deseo que no puede controlar, y pese a ser una simple prostituta no puede evitar comportarse como una adolescente enamoradiza con aquel viejo lobo de batalla.

-Yo necesitaba verte, te pareceré estupida teniendo en cuenta lo que soy. Supongo que fui tonta al pensar que tú también lo querrías.-

No se atreve a levantar la mirada.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Wild
Mutante Nivel 2


Cantidad de envíos : 26
Fecha de inscripción : 06/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Sáb Ago 09, 2008 6:27 pm

Por una vez, sólo durante un instante, se centra menos en ella y más en lo que tiene entre las manos, con la respiración entrecortada por la necesidad. Le arrebata con fuerza la botella y la descorcha, bebiendo con tal ímpetu que varios hilillos de whisky resbalan por las comisuras de sus labios. En cuestión de segundos ya se la ha terminado.

Pero el dolor no desaparece esta vez. La paliza ha sido demasiado intensa, y su mente embotada no hace sino acrecentar el ardor de su piel y de los músculos. Cierra los ojos y se frota el rostro demasiado sudoroso, manchadas las mejillas por líneas de sangre seca. De reojo observa la botella vacía, deseando beber más pero a sabiendas de que ya no puede, y ni siquiera tiene más provisiones.

Con un rugido entre dientes lanza la botella al otro extremo de la habitación, que se estrella contra la pared en miles de fragmentos.

Luego entierra la cara entre sus manos. No comprende el porqué de esa repentina rabia interna, el odio que siempre ha estado ahí, pero ahora demasiado poderoso como para ser soportable. Odia su vida, detesta la bestia que alberga en su interior, detesta la manera en que el tiempo pasa, para reducir la falsa vida de lujos que ha tenido a la nada por convertirse en un inútil.

Entonces se estremece de dolor y de algo más al notar el tacto de la esponja en su espalda. El agua le escuece como ácido, pero él sólo es capaz de desenterrar a medias el rostro y clavar los ojos azules en el suelo, sin verlo, más pendiente a la suavidad de la mano que le está curando. En su estado sólo debería tener ganas de dormir y entrar en coma hasta el amanecer. ¿Qué maldito deseo se ha instalado con tal fuerza en su pecho que consigue volatilizar cualquier otra sensación, mientras su corazón, que todavía bombea fuerte y poderoso pese a la edad, le recuerda con cada latido que puede volver a rozar el paraíso?

La tensión se alarga mientras ella sigue con la limpieza. Demasiado tranquilo, pero cualquiera que conociera a The Wild sabría que su aparente y taciturna seguridad, sentado en el suelo con las piernas cruzadas, no siempre es buena: es la actitud que adopta cuando intenta contener algo incontenible.

Ello se ve en sus ojos cuando los clava en los de ella, cuando siente su deseo además de la esponja en sus maltratadas mejillas, más que verlo por el color carmesí de las alas que anhela volver a tocar. Si una simple mirada hubiese podido llevar a cabo la pasión que siente en ese instante, el pequeño ángel hubiera sido literalmente absorvido y deborado por la suya.

Del mismo modo que ella absorve sus labios, y no puede más que corresponderle con rabia tras un sólo instante de sorpresa, envolviendo a esa pequeña criatura en su propio fuego que para muchos es demasiado destructor. Le sorprende que sea ella la que recule esta vez, y no él. Pero no es capaz de escuchar sus motivos; sólo es capaz de ver esas mejillas sonrojadas, todos los colores de la vida en sus ojos y en su propia voz. Antes de que termine de hablar ya ha alargado una mano para levantarle la barbilla, con demasiada suavidad, y un temblor que indica lo mucho que le está costando controlarse. Acaricia con el pulgar sus mejillas, y recorre su labio inferior, degustando con el tacto un manjar que siempre le sabe a poco.

También la ve demasiado joven, un regalo demasiado inmerecido para un asesino viejo, un monstruo capaz de arrebatar vidas y dar muerte, no placer. Y cierra los ojos con un suspiro entrecortado, aferrando la mano que sostiene la esponja con la otra, besando sus dedos, antes de atraerla hasta sí con fuerza y estrecharla con la misma intensidad, besando su cuello y recorriendo su espalda. Hace amago varias veces de besarla, pero los temblores aumentan y con amargura latente evita hacerlo; lo desea pero no se ve capaz, esa criatura no se merece caer en los abismos de la bestia.

Las únicas palabras que es capaz de pronunciar le salen en un susurro ronco y grave, demasiado trémulo bajo la oscuridad:


- ¿Qué me has hecho...?
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Neidin



Cantidad de envíos : 28
Fecha de inscripción : 04/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Sáb Ago 09, 2008 7:36 pm

Y pese a todo el deseo que estaban demostrando ambos sus alas se vuelven grises ante sus palabras.

-Yo no he hecho nada…-titubea y su voz vacila.

Ha oído demasiadas veces aquella frase y no precede a nada bueno, se había vuelto la obsesión de demasiados hombres y su manera de intentar librarse de esa obsesión era a través de la rabia y el látigo.

Y tiembla, no porque le tema a él si no porque teme a sus propios recuerdos y a la vez que tiembla se abraza a él, permaneciendo sobre su regazo.

-No… por favor…-y por el brillo de delirio en su mirada delata que no es a él a quien suplica.

Y por un instante se delata todo lo que ha sufrido esa niña, como han ido desgarrando su inocencia y su cordura, y como tras la mascara de luz y dulzura se encuentra una criatura torturada por las sombras.

Se acurruca con más fuerza contra él y apoya la cabeza contra su pecho, escuchando los latidos de su corazón que poco a poco van serenando los suyos propios y que poco a poco deje de temblar como una hoja mecida por el gélido viento de otoño.

Y se aparta avergonzada por su comportamiento, quedándose escondida en una esquina, abrazada a las rodillas y con la cabeza escondida en esta. Y no puede evitar llorar… ¿Cómo a podido pensar que el era diferente? ¿Cómo ha podido pensar que el gran gladiador podía sentir algo por ella?

Se siente como una idiota, y más por haber hecho el ridículo delante de él.

Y aquel ángel se quita la mascara y se ve a una niña dulce, demasiado golpeada por la vida, vulnerable, insegura… Una niña que sobre todas las cosas necesita ser protegida y no tiene quien lo haga.

-Si lo deseas me marcho.-murmura sin alzar la mirada.

Porque en el fondo no quiere marcharse, el consigue que se sienta protegida cosa que ningún hombre ha conseguido nunca…

Pero en esos momentos no consigue olvidar lo que es, una esclava, una puta a la que venden por cuatro monedas… Se siente idiota al pensar que ella podía amar y ser correspondida como la protagonista de una de las novelas que con tanta pasión devora cada noche cuando se queda sola en su habitación.

Pero para ella no fueron escritos los cuentos de hadas, así que sin esperar su respuesta se levanta y camina hacia la puerta, despacio, sin gana, como si estuviera viendo como se la única luz en su oscuridad.

Se atreve a volver la mirada una última vez.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Wild
Mutante Nivel 2


Cantidad de envíos : 26
Fecha de inscripción : 06/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Sáb Ago 09, 2008 8:26 pm

Era realmente lo que había creído, o lo que su mente demasiado golpeada por la vida y por el desprecio que siente hacia sí mismo le habían obligado a concluir, relegando sus propias emociones a un segundo plano para pensar con evidente desconfianza: que aquel ángel no puede existir, que es imposible que sienta algo hacia él que no sea miedo o repulsión, que no puede haber iluminado su alma com un bosque marchito y negro desprovisto demasiado tiempo de luz.

Y más que por eso, porque se sorprende a sí mismo. No esperaba poder albergar jamás, tras tanto tiempo sin cambios y sin sentir otra cosa que amargura y odio, una pasión tan intensa por una mujer... por una niña. Creía que era sólo lujuria, algún influjo capaz de atrapar a los hombres en sólidas redes, algo perfectamente lógico con esos ojos, y esas alas, y esa ingenuidad que al principio creía fingida.

Pero al ver cómo sus colores se vuelven opacos, cómo se aferra a él como si fuese una derruída pero sólida columna a la que agarrarse para no enloquecer, cuando la siente temblar... su corazón vuelve a acelerarse y las oleadas de fuego son tan poderosas que esta vez no sólo tiembla, sino que le cuesta respirar. Pero no es el fuego del deseo o de la lascivia, sino de algo más insólito, algo que al principio no comprende.

La contempla con los ojos azules titilando y temblando de auténtico miedo, como si eso pudiera ser posible en un monstruo, y es lo que más le aterra. Con manos torpes se atreve a acariciar su pelo, con extrema lentitud, creyendo que puede quebrarla en cualquier momento por el mero roce de sus dedos. La batalla contra sí mismo despierta auras tormentosas en torno a él, nubes negras y blancas que luchan entre sí por el control, y el ambiente en la habitación parece opresivo por esa lucha encarnizada.

Cuando está a punto de ceder de nuevo a sus emociones, y sus brazos se mueven para abrazarla, ella se aleja. La escucha llorar, ve cómo se aleja lentamente como si una nube cubriese poco a poco el sol. Es como si alguien le hubiese extirpado algo con tenazas, un calor de hogar agradable y desconocido del que ahora sólo queda un resquicio vacío, oscuro y frío, las cenizas y las ascuas apagadas. No, no apagadas, una llama sigue latiendo como si un látigo invisible lo espoleara, gritándole que debe recuperarla. Si se esfuma, será demasiado tarde, aún no sabe para qué pero lo será.

En esos momentos él es también un libro abierto, abriendo y cerrando los puños, tembloroso, con los ojos desorbitados y algo desfallecidos. No la mira mientras se aleja, ni pronuncia palabra, pero cuando alcanza la puerta su voz oscura llena el ambiente:


- Quédate ahí.

Por la forma en que lo dice, entre dientes y como un rugido peligroso, parece que la está amenazando. Igual que cuando los ojos se clavan por fin en los de ella con un cúmulo de relámpagos silenciosos. Se apoya en una de las mesas para incorporarse, y tal es la fuerza con la que lo hace que la madera se resquebraja en varias astillas, con un crujido inconfundible. Pero él no se da cuenta, sólo puede empezar a andar hacia ella, primero lentamente y luego con zancadas. Ahora la ira es evidente.

Llega a su altura, su poderoso pecho ahora lavado de heridas cogiendo aire con demasiada rapidez, antes de llevar la mano derecha a sus majillas y obligarla a mirarle, ya que apenas le llega al cuello.

Entonces sus ojos recorren su cuerpo bajo la juvenil sudadera y los vaqueros, pero no con lascivia: está viendo algo. Los dedos de la mano derecha tantean en su espalda con una suavidad insólita y a la vez peligrosa, alcanzando a sentir las marcas de los látigos, presenciendo rostros invisibles que profanan ese cuerpo puro con pecados y dolor. Y entonces queda claro que su odio no va dirigido a ella. Vuelve a mirarla a los ojos.

De repente ya no hay fiero tigre.

La pasión, el deseo demasiado insoportable de protegerla, se refleja en sus ojos como si fuesen dos claros espejos. Los entorna, componiendo una expresión de puro dolor que desfigura su rostro con una emoción que no es la furia, pero esa agonía se debe tanto a las heridas de su alma como a las visiones que empiezan a atormentarle, de una criatura divina e inocente mancillada por manos desconocidas. Y a través de sus pupilas se atisba al tigre rugiendo por lo bajo, como si quisiera proclamar a los cuatro vientos convertirse en guardián del ángel, pero sin encontrar una forma de decirlo, temeroso de que la bestia también consiga hacerle daño. Se atreve a entreabrir los labios, pero los vuelve a cerrar cuando las palabras no surgen de ellos.

Sólo puede abrazarla, con tanta fuerza e ímpetu que casi desaparece entre sus brazos. Entierra a medias los dedos en el suave plumaje de algodón, escondiendo la cara en su pelo con los ojos fuertemente cerrados, como si de repente el fuerte y poderoso gladiador también necesitase de un ángel de la guarda que encendiera con una llama de esperanza su vieja vida. Uno de sus suspiros parece de repente un gemido agónico; lo que siente es demasiado poderoso y cree que acabará consumiéndole.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Neidin



Cantidad de envíos : 28
Fecha de inscripción : 04/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Dom Ago 10, 2008 12:02 am

Y se queda paralizada cuando escucha su voz, dudando en huir o quedarse y ser devorada por el tigre. Y se queda, encogiéndose sobre si misma cuando se acerca, temiendo aun más a sus propios demonios que al tigre.

Pero se deja atrapar, aunque al principio tiembla… Después cuando toma su rostro intenta escapar de su garra, como si su tacto quemara, aunque no es su tacto lo que quema si no esos dos fieros zafiros que la atraviesan desnudando su alma.

Y es que sabe que su alma no es pura, esta demasiado manchada por pecados que no son suyos pero que los ha hecho como tal. Y aunque el este viendo a un ser divino ella se ve reflejada como la ramera que es.

Y se estremece cuando acaricia las cicatrices de su espalda, tanto que se estiran sus alas y se erizan sus plumas…

Y en aquel instante se atreve a mirarle a los ojos y ve en aquellos zafiros que su fuego no esta dirigido contra ella. Que ese fuego solo quiere protegerla-

Y se deja abrazar, mientras su corazón intenta escapar de su pecho y la calidez del gran guerrero la envuelve de tal forma que en su mente no haya nada más que él. Y no sabe si reír o llorar por le emoción, mientras todas las mariposas de su estomago se ponen a volar.

Entonces busca sus labios con ansia, sedienta de la única calidez que consigue llegar al fondo de su corazón y despertarlo. Bebe de ellos, con suavidad mientras se deja devorar por él.

-No puedo darte mi cuerpo porque no soy libre, pero mi corazón te pertenece.-

Y deja caer el collar que la marca como esclava al suelo, dejándole claro que es ella en total libertad la que le elige y la que quiere entregarse a él.

Pues sus ojos han disipado sus dudas haciéndola creer de nuevo en cuentos de hadas, a su lado se siente una princesa a la que el ha liberado de su prisión mágica, cree que las cosas pueden tener finales felices.

Pues se ha olvidado de que es una esclava, que no debe amar… Pero lo hace y se marchitaría si extirparan la fuerza que ese sentimiento ha hecho crecer en ella. Es un roble de raíces profundas imposibles de extirpar del todo.

Luego permanece abrazada a él, en silencio, no queriendo saber nada del mundo… Porque si escucha su voz volverá el miedo, miedo a que la deje por otra, miedo a que la deje por lo que es, miedo a los castigos si lo descubren, miedo a herirle…

Y es que si se para a pensar no encuentra motivos para que el la desee, cuando podría tener a cualquier mujer deseándole, de hecho lo hacen, no hay mas que oír los murmullos en el mercado.

Pero no es momento de pensar en eso.

-Te quiero.-susurra.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Wild
Mutante Nivel 2


Cantidad de envíos : 26
Fecha de inscripción : 06/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Dom Ago 10, 2008 12:54 am

Es como si de repente la habitación, la cárcel en la que ha vivido durante demasiado tiempo, no existiera; ni barrotes en las ventanas, ni campo electromagnético, ni muebles desvencijados, ni el opresivo olor a alcohol y sudor que proviene de él mismo. No existe nada, el jodido mundo en el que tanto se ha lamentado de haber nacido por fin ha dejado de ser real.

Sólo es consciente de lo que tiene entre sus brazos, como si en cualquier momento pudiera esfumarse en un estallido de plumas blancas: un tesoro de alas multicolor y voz aflautada, de cabello sedoso que enreda entre sus dedos, temblorosos aún por las emociones mal contenidas. Todavía está demasiado aturdido, es incapaz de luchar contra lo que todo su cuerpo y su espíritu han confabulado para sentir, un monstruo como él que sólo ha visto sangre y destrucción en su vida. Ni siquiera se había molestado jamás en pensar en algo mejor; siempre había creído que la belleza no estaba hecha para él, ni la contemplación ni la sensación de sentirla y tocarla, de saborearla en esos labios como pétalos de rosa.

Y ese pequeño capullo que florece le dice algo que jamás nadie le había dicho. La separa, pero no deja de abrazarla; sólo lo hace lo suficiente para poder acariciar de nuevo esas mejillas suaves y esos labios, para volver a mirarla. Se da cuenta de que en su ímpetu y su descontrol lo hace con demasiada fuerza, y una vez más el tigre teme dañarla.

Nadie hubiese apostado jamás que el indomable felino bajaría la testa ante un ángel, mostrando algo similar a la adoración.

Se siente incapaz de seguir cuestionándose su suerte cuando las llamas del deseo vuelven a arder, un fuego que le consume y que acabará por destruirle si no consigue templarlo, y sólo hay una manera posible. La coge entre sus brazos con sorprendente facilidad, notando como nunca lo poco que pesa, lo pequeña y frágil que es. La lleva hasta el desastrado lecho sin poder apartar ni un solo instante los ojos de los suyos. Es tal el ardor que las pupilas más bien parecen dos llamas azul zafiro que lamen su cuerpo y el de ella.

Sólo un instante vacila, cuando pasa frente al espejo roto a medias y ve directamente el reflejo que le devuelven los fragmentos. Por unos terribles segundos el miedo se abre paso a través de la pasión, al contemplar aquella visión tan dispar: una criatura demasiado luminosa y delicada en brazos de una bestia, herida y ensangrentada. Es algo grotesco, y la impresión casi le obliga a soltarla y a alejarse de ella. El miedo a herirla regresa, y una parte de él comprende que jamás desaparecerá. También sabe con certeza que no podrá soportarlo si es él quien le arrebata la vida que tanto ha encendido su alma desgarrada.

Pero la nota moverse, sus formas cálidas contra las suyas y más efectivas que cualquier esponja empapada en agua, y todo pensamiento consciente vuelve a enterrarse en los abismos de su mente. La tumba en la cama y empieza a desvestirla, a veces con demasiada fiereza, otras con suavidad, recordándose el caos que puede desatarse si se deja llevar por esa emoción. Besa su cuello, acariciando las marcas dejadas por el collar, disfruta de todas y cada una de las caricias que le ofrece como su propio siervo.

Mientras la posee, con aquella fiereza gentil, recuerda de un modo brumoso lo que ella es y lo que está obligada a hacer, cada día. Y pensar que otros babosos y cabrones pederastas la hacen suya del mismo modo le hierve la sangre, entremezclándose con el deseo, de tal modo que sus ojos muestran como nunca la necesidad vital que ahora siempre le acompañaría. No, ella es suya, sólo suya. En medio de aquel fragor de sensaciones y pensamientos se le escapa algo entre suaves y enronquecidos jadeos:


- Soy tu guardián - sus labios están pegados a su oído, instantes antes de alcanzar el éxtasis - Mi vida es tuya.

Entonces el fuego se tranquiliza, dejando paso al cansancio. Y tiene la sensación de que se ha arriesgado demasiado, de que no debería haber contraído semejante deuda, de que preferiría seguir solo con su odio y no haberla conocido, para no tener que lamentar luego las consecuencias de su propia bestia. Maldición y bendición, así siente su espíritu contradictorio que ha sido el encuentro con el ángel.

Pero en el fondo de su corazón sabe que lo cumplirá, porque ahora vive para ello.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Neidin



Cantidad de envíos : 28
Fecha de inscripción : 04/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Dom Ago 10, 2008 2:48 am

Y se estremece cuando la carga en brazos como si de una niña se tratara, porque en el fondo lo es. Y esta vez no se ha molestado en ocultarlo con el maquillaje y la ropa del club, esta vez es ella libre de mascaras.

Esta perdida en el océano tempestuoso que son sus ojos, pero ella no teme ese océano, pues es Sedna y el océano es su amante, su compañero, su alimento, su hogar… Todas esas cosas son las que le proporciona en aquellos instantes aquel gran felino de espalda atigrada.

-Te quiero…-vuelve a murmurar mientras comienza a desnudarla.

Y se deja vestir de cielo por aquellas manos fuertes y calidas, mientras se estremece con cada una de sus caricias. Escapa de su garganta un pequeño gemido cuando sus labios acarician su cuello, y sus manos se aferran a su espalda.

Y vuelve a sentir aquel caos placentero cuando él explora su interior, esa tormenta de sensaciones que la deja sin aliento, que le hace perder la razón y que solo siente con él. Su cuerpo se arquea con cada nueva ola de caricias y placer y sus manos se aferran a él como para asegurarse de que es real.

Y cuando dice esas palabras le mira llena de amor, y acepta en silencio su promesa, mientras un hormigueo le recorre por dentro. Solo rompe el silencio con un calido gemido ante una nueva oleada de placer.

Y entonces estalla como una cascada de sensaciones, y un manantial brota de sus labios y de su ser, para dejarla luego en las garras del placer.

Entonces se queda abrazada a el, sintiéndole aun en su interior y retrasando cualquier separación, intenta con dificultad recuperar la normalidad de su respiración pero aun consigue.

-Mi guardián…-susurro con la voz entrecortada por la perdida de aliento.

Y es que aunque salvaje consigue ser tierno, calido y reconfortante….

Cuantas horas permanecen abrazados, no lo saben… Solo cuando llega la caída del sol se separan.

-Tengo que irme…-Tiene, otra cosa es que quiera.

Y se separa con lentitud de él entreteniéndose con calidos besos, entre prenda y prenda con las que vuelve a cubrirse.

Al final se permite darle un apasionado beso antes de marcharse.

-Tienes Susi sobre la cómoda.-dice cogiendo uno de los trozos y comiéndoselo antes de salir por la puerta.

Y sale por la puerta encontrándose con Ella, Marian West una de las modelos que llenaban las revistas de moda. Hermosa, radiante y sobre todo humana…
Siente una punzada al observar su piel tersa, sus cabellos dorados, sus ojos azules, su cuerpo perfecto, sus rasgos dulces… Y aunque el pequeño ángel no tiene nada que envidiar a aquella belleza ante sus ojos no es así, sintiéndose como un patito feo ante un cisne.

Baja la mirada y acelera el paso, deseando salir corriendo de allí, pero se controla, y controla su llanto, que amenaza con desbordarla… Lo que no puede controlar es el tono gris y mate que adquiere su cabello y su plumaje.

Y la punzada de celos apuñala su estomago, no solo es hermosa, puede darse por completo y además puede comprar su libertad, cosa que ella no puede ni soñar.

Y entonces vuelve la mirada y se encuentra con los dos zafiros de Wild y la punzada desaparece, no es la otra a quien mira con anhelo y preocupación, es a ella.

Y le sonríe calida, entiende ya la situación, es una clienta. Y le comprende demasiado bien.

Y en su sonrisa se lee la promesa de volver.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Wild
Mutante Nivel 2


Cantidad de envíos : 26
Fecha de inscripción : 06/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Vie Ago 29, 2008 8:10 pm

En el Coliseo se respira tensión; los gladiadores contemplan la escena fascinados, incluso los SOLDADO, cuando una pequeña legión de Élite avanza sujetando por los brazos una inconfundible mole de espalda atigrada, brazos musculosos y pectoral tatuado de cicatrices. Tienen que arrastrarlo entre varios y vigilar constantemente el collar de metacrilato que rodea su cuello, así como los grilletes y las tobilleras, anuladores de poder que también le han puesto.

Sin embargo no parece hacer falta: está débil, se nota cuando casi necesitan arrastrarle entre varios, aunque sigue caminando. No se aprecia nada de su rostro, porque está tapado por una funda de tela negra.

La impresión general es normal. A muy pocos se les vuelve a sacar de la Prisión del Desierto una vez dentro. ¿Por qué lo habrían hecho, se preguntan muchos? ¿Porque los amos amenazan con perder una inversión segura? ¿O porque el berserker también ha desatado su furia entre los presos? Tal vez incluso porque podía escapar. En cualquier caso, solo son rumores y nadie conoce la auténtica versión de los hechos.

Junto a sus habitaciones aguardan dos soldados más, junto a los furibundos amos del gladiador. Hacen señas para que le hagan entrar enseguida, y cuando lo hacen cierran las puertas y las dejan bajo custodia de militares y el campo electromagnético, para evitar miradas curiosas.


- Dejadlo ahí - dice uno de los amos, sacudiéndose el polvo de su cara túnica de terciopelo rojo. Los soldados lo lanzan al suelo de mala manera, y se escapa un gruñido de dolor y rabia amortiguado por la tela negra. Pero aunque "la bestia" se debate débilmente, los grilletes le impiden hacer mucho. Con otro gesto el otro amo indica que le descubran la cara, y eso hacen. Uno de ellos lo incorpora con violencia y le quita la funda negra.

No sorprende que un par de SOLDADOS den un paso atrás, sorprendidos. El aspecto del siempre fiero Wild ahora, realmente, hace honor a su nombre, con el pelo desgreñado y húmedo por el sudor y una barba de varios días cubriendo su curtido rostro. Aprieta los dientes como un animal acorralado y los ojos de zafiro relucen tanto de ira que parecen relámpagos.

Hasta a los dos nobles les cuesta no tragar saliva ante la visión espeluznante de lo que siempre ha sido de su propiedad. Pero han comprado su vida durante décadas y saben cómo apalear al tigre para que obedezca. En aquel lugar están protegidos. Uno de ellos, de lujosa túnica verde y recortada barba castaña, coge un balde de agua y se lo lanza.


- ¡Sucia rata malnacida! - dice, cuando las toneladas de agua caen sobre Wild. Él cierra los ojos y aparta la cara, respirando con dificultad debido a esa rabia imposible de extirpar - ¿Sabes los problemas que nos has causado? Una cuantiosa suma de dinero por los muertos y heridos del nivel cuatro y los desperfectos del Casino. Hemos contraído una buena deuda con la Mafia por tu culpa, y para colmo de males has emponzoñado nuestra reputación. ¿Tienes algo que decir a eso, maldito despojo?

Wild tarda en responder. Pero cuando lo hace, no da muestras de haberle escuchado. Hace amago de incorporarse, sin dejar de rugir entre dientes, y habla, con una voz ronca y oscura que se nota que hace semanas que no usa:

- ¿Dónde está ella? - su pregunta suena a amenaza, porque realmente lo es: ahora mismo degollaría a todo el que se interpone en su camino - Quiero verla.

Pero dos SOLDADOS le golpean repetidas veces con la culata del arma, primero en la sien y luego por todo el cuerpo, obligando al felino a doblegarse. Tras varios segundos, el otro noble hace un gesto para que se detengan, aunque en su mirada furiosa se denota que les hubiese dejado seguir.


- ¿Crees que estás en condiciones de pedir nada? - susurra, con sorprendente calma, paseándose frente a él - Has perdido algo más que tu derecho a deambular de aquí para allá, gusano. De ahora en adelante permanecerás encerrado y bajo custodia. Todas las visitas que recibas pasarán antes por mí y yo decidiré si te has portado como un buen perro y mereces recibirlas. Pero no creas que todo esto acaba aquí - se le acerca y se inclina ante él, para que sus miradas queden muy cerca. Wild aprieta más los dientes, pero los SOLDADOS aferran sus brazos con eficacia. Un regero de sangre empapa su pelo por la zona de la sien y le cae por la cara, lo que le obliga a entrecerrar un ojo - Tus días como "estrella" del Coliseo están contados. No eres más que un gatito viejo que ya no está para encumbrar éxitos, nos das más problemas que alegrías - escupe a su lado como muestra de su desprecio, y vuelve a alejarse. Le da la espalda mientras añade: - Permanecerás encerrado hasta que decidamos tu destino, si es que mereces tener uno a estas alturas. Quizá simplemente te matemos y nos deshagamos de tu cadáver. Maldita sea, ¿quién va a pujar ahora por un esclavo inútil que destroza locales?

Wild no da crédito a lo que oye, pero en aquel momento no puede pensarlo con claridad. Lo único que le viene a la cabeza, lo que ha alimentado sus pesadillas durante días de peleas y encarcelamiento, es el rostro del ángel asfixiándose y cayendo inmóvil al suelo. Si no la ve enloquecerá de culpa y dolor. Al parecer sus amos malinterpretan su sufrimiento, y se miran satisfechos con sendas sonrisas maliciosas. Al final, el otro noble ordena:

- Dejadlo ahí, y no le quitéis el alcohol: que se ahogue en sus penas si es lo que quiere.

Vuelven a golpearle con la culata del arma en la cabeza, para dejarle aturdido los segundos suficientes para que los amos abandonen a salvo la habitación. Luego incrementan los campos electromagnéticos en la puerta y la única ventana, y dejan un nutrido grupo de guardias custodiando el lugar.

Y lo que hace Wild, en efecto, es jadear con desespero y casi destrozar la cómoda cuando vacía los cajones, en busca de una mugrienta botella de whisky. Bebe con tanto énfasis que varios hilillos de alcohol resbalan por su barbilla hasta su pecho. Cuando se acaba la botella la lanza con violencia hacia la puerta, donde se estrella en miles de pedazos. Luego, acalorado y tembloroso por los efectos de la bebida, permanece en un rincón y entierra la cabeza entre las manos, crispándolas.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Neidin



Cantidad de envíos : 28
Fecha de inscripción : 04/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Jue Nov 27, 2008 1:19 pm

Queria haberle ido a ver antes pero no habia podido.

Con uno de sus clientes algo habia salido mal y habia intentado matarla, no era de los habituales pero si un hombre importante al que se le hace el favor de llevarle una chica a las tantas de la mañana. Pero se habia pasado con su sadismo y casi la mata, ya no solo por la paliza que lleva en el cuerpo si no por las puñaladas que le habia dado en el vientre.

Por suerte el medico de la mafía tenia la clinica en ese sector, si no no llega a contarlo. Con todo y con eso casi no llega a contarlo. Se habia pasado las dos ultimas semanas en cama y la habian retirado de la circulación por tiempo indefinido. No había mal que por bien no viniera.

Durante esas dos semanas tanto compñaeros, como los cocineros, como sus propios jefes habian estado pendientes de su recuperacción y le habían llevado golosinas, chocolate y muchos libros para que leyera. Ella pese a los dolores siempre les habia recibido con una hermosa sonrisa dibujada en sus labios y palabras amables.

Aunque cuado eaba sufría, no por las heridas si no por aquel desazon en el pecho cuando pensaba en él y en lo que estaria pasando en aquella carcen en él desierto, también sentia una gran angustía al pesar que tras lo vivido el podía odiarla.

Se alegro mucho cuando sus amos le dijeron que querían comprar a Wild para los combates del Casino, ella respondió que seria una gran sonrisa que seria una buena elección. También le preguntaron como la trataba y si quería ser la chica asignada para él, seria su unico trabajo. En aquellos momentos sintio algo parecido a la felicidad.

Eran un secreto a voces la pasión que sentía el gladiador por aquella niña de sonrisa dulce y era en el unico con el que ella volvia de una sola pieza. Ademas ella había perdido valor con la fea cicatriz que le habia quedado en el vientre, pero aun asi les costaba desprenderse de ella, practicamente la habían criado ellos. Era la forma de conservarla y de controlar al guerrero.

Así que alli estaba, vestida con un elegante vestido negro con escote palabra de barco y calzando unos tacones altos. Estaba preciosa.

Ella entro en la habitación mientras unos de sus jefes se quedaba fuera cerrando la compra. Le vio agazapado en las sombras como siempre, aunque su aspecto era mas fiero, mas salvaje, casi sintio panico ante la idea de que la devorara.

Pero se armo de valor y camino hacia él, con su collar nuevo en la mano. Fue al arrodillarse a su lado para ponerselo cuando vió las horrendas heridas que le habían hecho. No pudo reprimir el impulso de abrazarle.

-¿Que te han hecho Wild?

Beso con desespero sus labios, bebiendo casi con angustia de ellos mientras enredaba las manos en su desgreñado cabello. Se separo de él un poco y le cambio el collar.

-Ellos te han comprado, te vienes conmigo a casa y lo mejor de todo es que solo tendre que servirte a ti.

Y le sonrio con una de esas sonrisas suyas tan dulces y hermosas, tremendamente dulce. Para ella era una liberación tener que servirle solo a él. En sus alas había zonas con feas calvas que rebelaban el porque de esa liberación.

-Vamos.

Tiro de la fina correa para que la acompañara, aunque todos sabían que para el gladiador ella era la verdadera cadena.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Wild
Mutante Nivel 2


Cantidad de envíos : 26
Fecha de inscripción : 06/08/2008

MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Vie Nov 28, 2008 2:16 am

Cuando las puertas de la habitación se abre reacciona con una violencia inusitada, más aún pese a tratarse de él.

Se encuentra tirado en un rincón de su celda y el aire está viciado, prueba inequívoca de que lleva días sin salir. La habitación de escasa iluminación está destrizada: trozos de madera desperdigados por el suelo, cristales rotos, cómodas y sillas partidas en dos. Y en medio de toda esa barbarie su causante: el tigre. Sus ojos iluminan la penumbra con un fulgor amarillo cuando, de forma automática, los alza para prenderlos en el recién llegado. Es como si actuara por puro instinto, el de una fiera al verse acorralada, como si las últimas semanas hubiera tenido que defenderse de diversos enemigos.

En la oscuridad ruge y se incorpora con una velocidad extraña, dado su estado. Huele a sangre, el curtido cuerpo del gladiador ha sido tallado con marcas de látigo armas contundentes que han dejado terribles moratones en su pecho. Su cara no está mucho mejor, con la barma descuidada, la cara enrojecida y la frente brillante de sudor. No es precisamente la imagen de la pulcritud, al contrario que la criatura que acaba de hacer acto de presencia.

Aunque al principio no se ve por la oscuridad, esa voz genera un efecto extraño en él. Da un respingo, como si le doliera, produciendo en él un terrible temblor en el que durante un segundo baja la guardia. Y cuando ella se le acerca por fin, y la ve, no parece dar crédito a sus oídos. Agarra fuertement een su mano derecha una botella de Whisky ya vacía; y sus ojos, que se vuelven paulatinamente azul zafiro a medida que ella se acerca, se muestran febriles, como si la bebida le hubiera despertado la fiebre. No puede hacer otra cosa que mirarla como si fuera una ensoñación, sin estar segura de que se trata de una criatura real.

Cuando le abaraza, cuando siente el calor de ese cuerpo tan pequeño que sus propias manos fácilmente podían quebrarl, xhala un suspiro entrecortado que a medias suena como un rugido lastimero, y clava los ojos en el techo, tenso, sin atreverse a tocarla. Parece un náufrago que, tras meses sin probar agua, ahora bebe de ella con demasiada avidez y las consecuencias son tan placenteras como devastadoras. Solo parece despertar cuando le bese. La aparta unos instantes con rabia, tomando su rostro entre sus manos y apartándola solo para poder contemplarla mejor. Esos ojos, aquellas alas que habían alimentado sus sueños con demasiada agonía... ahora los tiene delante, y parece que empieza a creérselo.

Lo que algunos podrían interpretar como rabia y odio a punto de estallar no es sino la manifestación de un sentimiento más poderoso. No puede llamarse simplemente amor o deseo, aquello no le haría justicia. Es la necesidad vital de tenerla en sus brazos, sencillamente de tocarla como si recuperase algo más que su corazón. Cierra los ojos y la estrecha entre sus brazos, respirando como si por fin supiera lo que es el aire, como si supiera lo que es sentir. La fuerza con la que la abraza, crispando los dedos sobre su espalda para sentir el tacto de esa piel tan suave, olfateando su pelo, es tal que casi desaparece entre sus brazos.

La hubiera poseído en aquel instante, sin pensar, de no haber sido por lo que le escucha decir. Parece darse cuenta entonces de que la está mancillando con su roce áspero, la sangre y el sudor, y con torpeza la aparta con rapidez, aunque no del todo. Su mirada se vuelve a un tiempo sombría y anhelante, como si el hecho de servir solo a aquella a la que deseaba servir bombeara con fuerza su corazón, pero al mismo tiempo todo lo que ha sido hasta ahora, el guerrero, desapareciera. ¿Y qué queda? Un pobre gatito sin orgullo y sin honor.

Siente que el collar le aprisiona cuando ella se lo pone aunque sabe que es necesario, y como si le faltara el aliento lleva las manos al mismo. Consigue serenarse a medias cuando se abren las puertas y sale, atravesando con la mirada al guardia que le mira como algo fascinante y terrible. Luego sale con ella. Durante todo el trayecto no habla, no pronuncia ni una palabra como si realmente fuese una fiera siendo paseada por su dueña, pero sus pensamientos y emociones giran en un vertiginoso caos.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Contenido patrocinado




MensajeTema: Re: Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla   Hoy a las 2:56 pm

Volver arriba Ir abajo
 
Mighty Lion Coliseum, Arena de Batalla
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.
 Temas similares
-
» Reloj de arena...
» [RPG Maker XP/ VX] Fondos de batalla (battlebacks)
» Chaos War, una nueva batalla por la Tierra
» como agrgo un sistema de batalla nuevo a rpg maker vx
» HUELLAS EN LA ARENA

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
Rising Heroes :: La Ciudad :: Nivel 2 - Alta Aristocracia-
Cambiar a: